miércoles, 5 de septiembre de 2018

Monago: el hombre orquesta



Monago ha decidido remangarse a las puertas de las elecciones autonómicas, después de tres años de estar sesteando. Se ha convertido en el hombre orquesta del PP de Extremadura. Parece que ha renunciado a ser un verso suelto y tras su opción fallida con su amiga Cospedal, ha optado por disciplinarse con Pablo Casado en su versión VOX. Puede que para cubrir el flanco de Morales, el facha, o del Caudillo del Guadiana. Gracias a Monago, Extremadura fue la primera comunidad en tener un diputado VOX en un parlamento. 

A este Barón Rojo nos lo han cambiado. Sin palmeros, sin voceros y plumillas subvencionados con dinero público, sin Iván Redondo se nos ha metamorfoseado en hombre orquesta con megáfono en mano para hacer méritos de cara al senado en 2019. Y se ha traido a Extremadura a Pablo Casado para anunciarnos que subir impuestos a las rentas de más de 150.000 euros es insolidario.  

Su último esperpento del verano ha sido desmarcarse del acto de homenaje a las víctimas del terrorismo etarra en la asamblea extremeña. Su justificación es una supuesta política de acercamiento de los presos etarras a Euskadi. ¡Haciendo amigos! O toma el megáfono para sentenciar que los 98.647 personas en paro del mes de agosto son "malos de solemnidad", cuando con él, en el mismo mes de 2013, Extremadura alcanzó los 144.333. También, exige que se audite los 30 millones invertidos en los últimos diez años con la erradicación del camalote en el río Guadiana. ¿También en sus años de Gobex?. ¿Ahora se acuerda del Camalote con su alcalde Fragoso?. Y lo de los ventiladores en el hospital de Cáceres ya ha sido épico. Él, que cerró 21 centros de Urgencia Rural. 

Nos anuncia el cierre de Extremadura si cierra Almaraz pero se opuso a la construcción de una Refinería. Al parecer, la sanidad es una catástrofe cuando él fue el responsable de cierres de centros en el mundo rural. 

Preocupado con la alcaldía de Badajoz y Cáceres, y con el arreón de Ciudadanos, presintiendo que el poder es efímero, amenaza con un farol a los extremeños con exiliarse en Portugal si Vara obtiene mayoría absoluta. No caería esa breva. Habría colecta universal para pagarle el billete sin necesidad de utilizar el medio que él sabe. ¡Quiá, Monago!. Lo tuyo es el Senado, en el mejor de los casos.  
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sábado, 18 de agosto de 2018

Memoria familiar: La huida de Illescas. 1936



 Cada día que pasa, Madrid se convierte en un refugio más escaso. El avance del ejército rebelde ha sido rápido. La misma respuesta de represión y huida que se había producido en la Andalucía occidental y en Extremadura, se repite en la zona septentrional de la provincia de Toledo. Confrontación desorganizada y escapada rápida hacia la capital de España. 

Muchos años después comienzo a comprender la historia que me cuenta mi madre sobre la huida de Illescas de toda su familia. Es el 18 de octubre de 1936; un día como otro cualquiera en el que mi abuelo Regino sale en dirección a Toledo a vender sus cacharros.
--Nuestra casa estaba a la entrada del pueblo y al lado de la carretera. Veo el carro del abuelo a toda velocidad, a una hora que no era habitual su regreso. –dice mi madre-. –Viene gritando según va entrando en el pueblo: “Hay que irse rápido a Madrid”. -Al llegar el abuelo me pide que llame a todos los hermanos y a mi madre.
--¿Y tú qué edad tenías, mamá?
   --Tenía unos cinco añitos. Nunca se me olvidará la cara desencajada de tu abuelo. Parecía como si hubiera visto al diablo. En pocas horas cerramos la casa y la posada, preparamos el carro con ropa en las maletas, colchones y algunas sillas, reunimos el ganado disponible y echamos a andar. No solo fue nuestra familia. Recuerdo toda la calle con mujeres y hombres entrando y saliendo de sus casas haciendo lo mismo que estábamos haciendo nosotros.
--¿Y luego que hicisteis?
--Salir del pueblo dirección a Madrid. El abuelo iba contando a tu abuela que se había dado la vuelta en mitad de la carretera al encontrarse con otras familias que ya iban camino de Madrid. Decía que las tropas moras entraban en los pueblos matando a la gente y violando a las mujeres.

En mi adolescencia, se repite el relato de la guerra en encuentros familiares o comidas de celebraciones cuando coincidimos con mis tíos. Cada uno de ellos revive y narra la huida del pueblo en un carro tirado por caballos, azuzados muchas veces por el paso de la aviación franquista tratando de sembrar el desconcierto entre cientos de familias que escapan a toda prisa. Con mis abuelos Regino y Lucia y sus cuatro criaturas, José, Paca, Lucia y María salen de Illescas más de mil ochocientas personas. Allí no queda más de un veinte por ciento de la población, que por su posición social o de ideas aplauden el golpe militar. Entre ellos, "Las Vellonas", las ricachonas del pueblo. 

Toda esta información la voy ordenando con el paso de los años porque cada información que registro a vuela pluma me provoca una pregunta más: consigo diferenciar personajes, construyo mentalmente el mapa de la huida, sitúo temporalmente los hechos, voy añadiendo perfiles, actitudes y valores a unos y otros. Imagino lo que tuvo que ser para mi familia escapar en estampida del miedo acumulado por las noticias de violencia que llegan a sus oídos.

Las noticias sobre la violencia vivida en ciudades como Badajoz, el catorce de agosto, genera una psicosis colectiva según avanzan las desatadas tropas moras de Franco. Hay que hacer pagar que unos meses antes, el 25 de marzo, sesenta mil jornaleros de Extremadura con sus azadas, hubiesen tomado tres mil fincas en 280 pueblos de la región. La reforma de la tierra anunciada por la República no podía esperar más. Llega la venganza de los señoritos por medio de sus lacayos. 
Se produce la “Masacre de Badajoz”. Si conocidos, son los nombres de Guernika, Jarama, Belchite, o Teruel, la historia parece no querer recordar la muerte de más de ocho mil personas; la mitad de ellas en la plaza de toros de los pacenses.  

Entre Franco y Madrid, superado el frente de Extremadura, las fuerzas rebeldes se han detenido a las puertas de Talavera, porque se consigue en pueblos como Calera y Velada aglutinar resistencia donde los milicianos están bien pertrechados, aunque una vez tomado el Castillo de Oropesa, el camino prácticamente queda libre para las tropas fascistas del comandante Castejón y el teniente coronel Asensio. En los primeros días de septiembre se toma la ciudad de Talavera de la Reina que cuenta con mucho ejército pero con escasa munición.

Una decisión no esperada, de última hora, cambia el rumbo y la suerte para la familia de mi madre. Al llegar las tropas franquistas a Maqueda, cuando todo hace pensar que seguirán avanzando hacia Madrid por la carretera de Extremadura, Franco ordena dividir las fuerzas militares y hacer un desvío hacia Toledo, donde el Alcázar esta sitiado por las milicias republicanas. Ese hecho inesperado es decisivo para provocar la desbandada en todos aquellos pueblos, entre los que estaba Illescas, cercanos a la capital manchega.

La evacuación a Madrid no deja de ser accidentada en ningún momento como consecuencia de la concentración de mujeres, niños y ancianos en la carretera. Cargados con los enseres más necesarios se disponen a enfrentar una ciudad que no está organizada para recibir y dar respuestas a gentes que acaban de perderlo todo.

En el caso del abuelo Regino, a rebufo del carro, ha conseguido reunir una decena de vacas lecheras. La primera noche la pasan en Yeles. Un primo de mi abuelo los resguarda en una fábrica de cemento donde trabaja como encargado. Ese día, no recorren más de cinco kilómetros fruto del caos que se organiza en la carretera. Una vecina de Chozas que les acompaña rompe aguas y pare una criatura. Las siguientes paradas son en Parla y Getafe antes de entrar en Vallecas. Allí consigue vender las vacas y finalmente entran en la capital. Con el dinero obtenido, pueden “trampear” la situación durante los primeros meses de su huida y solventar el día a día.

Tras unos días durmiendo en las cercanías de la estación de trenes de Madrid, consiguen una casa compartida con otros familiares que les proporcionan cobijo en el barrio de Cascorro. La situación en la capital es muy convulsa e insegura. Los bombardeos provocan un estado de alarma permanente. Las idas y venidas a los refugios al metro se repiten con asiduidad. Es en una de las largas estancias en estos refugios donde mi abuelo Regino cae en la cuenta que la República está recogiendo a criaturas para sacarlas de Madrid, siendo separadas de sus padres. Y esto decide a la familia a buscar una alternativa fuera de allí.

Mi abuela Lucia tiene un hermano comandante de la república en Valencia, Antonio Borrajo que les apremia a ir a Alcoy donde dispone de vivienda para toda la familia. Venden todos los enseres que tienen y se trasladan en tren finalmente a Valencia. Allí, les espera un tiempo de vida familiar y la mejor manera de pasar una guerra. Con otras dos familias, el tío de mi madre, les acomoda en una masía que ha sido abandonada con prisas por su propietario. Seguro que por su clase social era un desafecto a la República.

La casa es amplia, sus paredes están estucadas y el mobiliario es abundante y lujoso. Tiene un jardín amplio rodeado de naranjos con un horno de leña donde mi abuela Lucía hace pan anisado que mi madre recuerda como el mejor pan que nunca haya comido. La casa se encuentra muy cerca de la localidad de Alcoy.  Recuerda aquellos años de cierta tranquilidad, acudiendo a la escuela. La normalidad solo se interrumpe cuando llegan los aviones del ejercito rebelde; entonces acuden a un túnel que hay muy cerca de la casa para refugiarse.

En la plaza del pueblo hay un mercado al aire libre donde mi abuela vende pan que hace todos los días. El abuelo, pronto se da mañas para hacer lo que sabe hacer; comprar y vender, o mejor dicho hacer trueque. Compra aceite, luego lo cambia por arroz o por trigo. Él es el mejor proveedor de la familia. Cuando la guerra está a punto de terminar, en aquella misma plaza, que dispone de un sistema de megafonía, mi madre escucha una y otra vez una frase del Presidente Negrín que la crea incertidumbres entonces y que me repite a lo largo de la vida: “Hermanos, resistid con pan o sin pan”.

Una vez llega el final de la guerra, la familia vuelve a Illescas para retomar su vida. Llegan sin una silla. Acuden a la posada de donde tres años antes salieron con urgencias. La posada es un perímetro de paredes derruidas y con la techumbre caída en su totalidad. Nada de lo que había, está. Nada de lo que era, es.

Mis abuelos tienen un pequeño huerto a las afueras del pueblo ya allí se dirigen. Hay un caseto de aperos que sirve para volver a empezar. Al llegar allí, mi abuelo compone un proyecto de mesa a base de cajones que consigue ensamblar. No hay sillas. El suelo es su descanso. Comienza un tiempo donde el hambre va a ser un certero compañero. Pasan los días y observa cómo aquellos que se quedaron en el pueblo se repartieron el botín de la posada y su terruño: “Esas herramientas son mías”, “Ese arado es el que yo tenía y esa es mi mula Lola”. Pero el miedo cierra su boca. A los pocos días de llegar al pueblo es detenido. Le han confundido con su hermano, un comprometido republicano del pueblo.   

La micro historia de la familia Durán-Borrajo, la familia de mis abuelos, ha comenzado. A través de la boca de mi madre me adentro. A través de ella; con preguntas que me asaltan obsesivamente. Respuestas inconclusas para tratar de cerrar un círculo de unos hechos que han determinado, sin duda, nuestras biografías; la de mis padres, la mía y la de mi hijo. 

martes, 31 de julio de 2018

Memoria familiar: Calle del Sol de Plasencia




Mi padre forma parte de una generación de comerciantes que han iniciado sus negocios en la misma época; sobre los años cincuenta. Su sastrería se encuentra en el medio de la calle del Sol, que parte de una de las antiguas puertas de la ciudad. La orientación al este del arco de entrada a la calle, consigue la ubicación precisa para recibir el sol  y la ventilación con toda su fuerza. De esta forma, sus rayos penetran a lo largo de ella hasta desembocar en la plaza mayor.

La sastrería, con amplios escaparates, situada en un chaflán en la encrucijada de la calle más comercial de Plasencia, se convierte en un excelente mirador para fisgonear y adentrarme en el pulso diario de mi pueblo. Con el paso del tiempo puedo hacer una disección sobre la vida de sus habitantes; sobre sus prisas, sus pasiones, sus relaciones, sus aburrimientos, sus fracasos o sus rutinas. Algunos, con su forma de andar van anunciando su tedio; no saben qué hacer con su tiempo. Otros, van anunciando que quieren hilar la hebra con quién se tercie y les cuesta, dios y ayuda, avanzar cincuenta metros. Y los tenderos de la calle, que van y vienen con paso ligero.

Mirada que se excita con la vida atropellada de los que aman y ríen, también de los que corren. ¿O ya no nos acordamos del joven “chico vespa”?. Tendría pasada la docena de años, trabajaba en una pescadería del mercado de la plaza y nunca podías hablar con él porque siempre iba corriendo. Gesticula como sin condujese una moto y hace un ruido preciso y en consonancia con los cambios de marcha, acompasados con la velocidad que imprime a sus piernas. Cuando le molesta algún viandante y ve peligro de colisión siempre reproduce el sonido de un claxon. Era divertido y respetable ver la profesionalidad y la pasión que ponía en ello. De la noche a la mañana todos le echamos en falta y después de tantos años seguimos preguntándonos: ¿Qué habrá sido de él?

Situados a la izquierda de la tienda de mi padre, se encuentra la peletería Curto, el Bar La Ría, las librerías de Maillo y Cervantes, Sastrería Gil, deportes Calza, pastelería Arenas, confecciones Simón Sánchez, el ultramarino Vega y Muebles Sánchez. Frente a su establecimiento, la relojería Vegas, la óptica Alegre y el ultramarino a la vieja usanza de García Matos. A su diestra, una fuente que hoy se mantiene y a su lado la frutería de un emigrante retornado de Francia al que mi padre le llama Kubala, por su enorme parecido al jugador del Barça. Junto a él la mercería Luis, los Hermanos Fuentes con tiendas de confecciones especializadas en comuniones y bodas, la zapatería Alcón, la ferretería Sol, la farmacia Virgen del Puerto, la comisaría de policía y confecciones Caballero. Y en la calle que lleva a la iglesia San Pedro, la pastelería de los Urbanos, donde yo me compraba unos pepitos de crema por dos cincuenta pesetas que podría rememorar como hizo Marcel Proust con su madalena, Luis, el zapatero y la armería Arias.

La calle tiene una impronta de vitalidad favorecida por el paso obligado de los comarcanos que suben y bajan de los autobuses de la estación de Félix Sánchez que se encuentra a la salida del arco de la Puerta del Sol. Sin tener una asociación de comerciantes estable, todos ellos mantienen una relación de ayuda y convivencia, compartiendo la vida cotidiana en una ciudad de provincia con inflación de curas con sus dos seminarios y de militares con su cuartel del ejército.

Casi todos son negocios familiares y la mayoría son atendidos por padres e hijos. Podría hacer una enumeración entrañable de cada uno de los nombres de toda la chavalería que rondábamos por los comercios de nuestros padres intentando echar una mano y no acabaría. Con el paso del reloj comercial fue tan solo una minoría la que acabó resistiendo tomando el relevo del negocio. En los noventa se notaba que había pasado el momento y la nueva  realidad de los centros comerciales, las marcas anclas, y las franquicias hizo el resto. Aquel universo afectivo y fraterno terminó llevándoselo el tiempo.



lunes, 30 de julio de 2018

Memoria familiar: La Isla de Plasencia, en los sesenta.




En las tardes noches de verano, cuando no dejan de cantar las chicharras, las familias acuden, como si fuera una romería, a un espacio de recreo de Plasencia denominado “La Isla”, con una rica arboleda de chopos. Llegamos desde el Puente Trujillo, por el "Cachón", por el "Caño Soso" o por el Puente Viejo.

Tras la siesta obligada, comenzamos a ocuparla en toda su extensión. Allí, se distribuyen por afinidades y amistades y compartimos las tortillas, el pisto de verano o el gazpacho extremeño.

Hasta que se esconde el sol por el oeste y llega la hora de la cena, las criaturas nos juntamos en determinados espacios del río a bañarnos, algunos valientes se escapan a la pesquera y otros siguen, muy atentos, las maniobras de los areneros que sacan del río tierra muy preciada para la construcción. Arena que sirve para hacer morteros mezclada con cal, para las propias huertas de la ribera del río o para hacer las camas de los animales. Utilizan una plataforma flotante sobre cuatro bidones para poder desplazarse por el agua con ayuda de una pértiga y encontrar los filones de arena que la erosión granítica de la fuerza del agua deja al llegar el remanso del río. Nos preguntamos por el esfuerzo hercúleo de clavar la pala en el fondo del río, sacar la arena y distribuirla hábilmente para no desestabilizar la plataforma. 

Mientras, nuestras madres extiende manteles con cuadros rojos, negros y blancos, compartidos y vecinales, donde socializamos el día a día. Cuando empieza a anochecer llegan los padres que salen del trabajo y forman pequeños grupos hablando de fútbol, del cartel de toreros para las ferias de septiembre o  de lo parado que está el comercio a determinadas horas de la tarde. 

La noche, el río y las sombras de los chopos calman la sed de otro verano caluroso y sólo cuando los chavales buscamos el arrullo de nuestros padres comienzan las despedidas hasta el día siguiente. En el aire sigue prendiendo el olor absoluto a poleo y el croar de las ranas, ya más tranquilas, porque la muchachería se ha retirado a dormir.



sábado, 28 de julio de 2018

Memoria familiar: Tiempo de cerezas en los sesenta.


Eran los sesenta y todos los años, desde muy pequeño, antes de que llegue el tiempo de la cerecera, por el mes de marzo y abril, mi padre me monta en su vespa los domingos por las mañanas; me dice que me agarre fuerte a su cintura y corremos valle arriba hasta Navaconcejo, Cabezuela y Jerte. Cuando subimos hasta Tornavacas, porque el día está claro, aprovechamos para llegar hasta el límite con la provincia de Ávila y desde un mirador me muestra todo el universo mágico del Valle del Jerte. A veces, se logra el milagro de verlo vestido de un manto blanco cuando la floración se produce al unísono. 
Mi padre, que es sastre, tiene clientes en estos pueblos a los que toma medidas para hacerles un traje que estrenarán para las fiestas de Santiago, cuando ya se haya recogido la mayor parte de la cosecha.
Cuando llegamos, por ejemplo a Navaconcejo, buscamos al alguacilillo para que eche un pregón por el pueblo a cambio de unas pesetillas con una leyenda parecida a esta: “Se hace saber, que el Sr. Coque, sastre de Plasencia, está disponible en casa del Tío Maura, el peluquero, para tomar medidas a quién así lo desee”.  Al llegar a Cabezuela, directos íbamos a casa del tío Gervasio o quedámos en el Bar Dolar. Yo era amigo de su hijo Luis y juntos trasteamos mientras se echa la mañana. Gente noble, trabajadora y humilde. 
El campo era tan esclavo en aquella época que no podían desplazarse a Plasencia y mi padre queda con ellos en la cooperativa del pueblo, en algún bar o en casa de algún vecino, amigo de él, que le ayuda con las tareas de su agenda. Allí, acuerda con el cliente la elección de la tela escogida de un muestrario que siempre le acompaña. Yo, que soy una criatura, me encargo de tener a punto el metro, un lápiz y un cuadernillo para tomar nota de la cintura, tiro, entrepierna, bajo, pecho, espalda o manga que me va dictando mi padre.
Mientras esperamos a que vayan llegando los interesados, la buena de la Sra. Leonor me ofrece una perrunilla y un vaso de gloria dulce a los que les pongo afición, mientras ellos charlan sobre sus cosas. 
--¿Cómo viene la cereza este año, Tío Maura?
--Puede haber mucha producción pero ya sabes Miguel que como arremetan las tormentas las cerezas tempranas se van al carajo.
--Es la historia de siempre. Todo el año cuidando la tierra y el cielo decide si el esfuerzo es en balde.
Cuando esto ocurre y vienen mal dadas se oye alguna desgracia familiar que ha puesto todo su empeño en sacar adelante el rendimiento de la tierra y al hacer balance no llega ni para pagar las inversiones que se ha hecho en el año. En ese territorio de la infancia donde todo te conmueve, me produce un tremendo impacto cuando se recuerda algún suceso relacionado con el suicidio de un cerecero que se ha tirado desde el puente o se ha suicidado utilizando los productos químicos fitosanitarios que se utilizan para el cuidado de la cereza.
Más tarde, cuando subimos en plena temporada de recolección a hacer las pruebas de las chaquetas y los chalecos, de vuelta siempre nos llevamos alguna caja de cerezas que nos regala algún vallenato. Si son las tempranas, tocan las de rabo largo y pequeña. Aunque a mi me encanta la Picota, con sus variedades: ambrunés, pico negro, pico limón y colarado. Bueno, y qué decir de la burlat, la dulce lamber en forma de corazón o  una de las más tardía como la lapins, más oscura, con un calibre que cuando la acercas a la boca, la ocupa toda entera.
Los tiempos de cereza nunca mueren, como nunca muere el recuerdo por mi padre.

viernes, 8 de junio de 2018

Ivan Redondo. Maquiavelo 2.0



Iván Redondo, el que fuera el "octavo consejero" del afortunadamente fenecido Gobex Monago, ha sido nombrado director de gabinete del Presidente, Pedro Sánchez. Soñador cinéfilo de series a lo "House of Cards", para quién el mensaje significa la obtención de la mayoría de votos, aunque el contenido sea pueril. De lo que se trata es de conectar con los  puntuales sentimientos líquidos de la "gente"; más allá de sus necesidades reales, que siempre son objetivos más costosos y a veces inalcanzables.

¡Pedro, cuídate de los Idus! 

Juega a ser un Maquiavelo 2.0., abducido por la elaboración de relatos mágicos donde poder manipular variables para la obtención de un resultado deseado. Iván proyecta en los demás lo que cree de sí mismo: "Cuando uno es presidente, se cree Dios. Y suele ser proclive a las ocurrencias". Pues eso, se cree Dios y tiene ocurrencias.

¡Pedro, cuídate de los Idus! 

Iván está sobrevalorado. Ya se encarga él de hacerse propaganda porque en eso lo borda. Más que llevar a Monago al poder fue el gran inductor de su fracaso. Los cuatro años de legislatura del P.P. en Extremadura se convirtieron en la difamación y persecución, ni siquiera velada, hacia el PSOE, los sindicatos de clase y todo lo que se movía. Su tratamiento desastroso en la moción de censura que promovió Guillermo Fernández Vara dejó el camino libre para que el trilero perdiese las elecciones.  

¡Pedro, cuídate de los Idus! 

La debilidad intelectual e ideológica del viajero subvencionado a Canarias fue la culpable del delirio en el que derivaron las propuestas de Iván, terminando por hacer de Monago un juguete roto. La consistencia de Monago siempre fue igual al conjunto vacío y eso hizo que muy temprano se echase en brazos de Iván. Ese es el riesgo que corre Pedro Sánchez. Solo si hay ideología en él y su equipo, si hay avances reales respecto a Ley Mordaza, Reforma Laboral, Pensiones, LOMCE, Copagos, Memoria histórica, RTVE, Dependencia,... no habrá espacio para sus alucinaciones.

¡Pedro, cuidate de los Idus! 

Iván es de nefasto recuerdo, para mi y para muchos extremeños, porque convirtió nuestra tierra en el laboratorio de su asesoría, puesta al servicio de un ególatra incapaz. Que el barón rojo tenía que citar a Murakami, él le pasaba la frase para que el pavo real intentara volar y se hinchara sin entender que la tormenta era él; un monigote en manos de un manipulador de liderazgo inexistente, para condicionar la conducción de las masas hacia el voto. 

¡Pedro, cuidate de los Idus! 

Maestro del marketing fofo y pedante "intelectualoide" propio de esta corriente de moda de nadería postmoderna. Se empapa de series políticas para aseverar analogías, repetir estrategias, obviar la prosa redundando en una estéril poesía y elevar a ciencias matemáticas las telegrafiadas y fracasadas tácticas; más propias de pijo aburrido de laboratorio, observando desde su palacete cómo van naufragando los personajes tullidos de "Juego de Tronos".

¡Pedro, cuidate de los Idus! 


martes, 22 de mayo de 2018

Tres cuentos colectivos sobre lobitos buenos.





Estos tres cuentos colectivos, de los lobitos Petter, Maúllo y Willy los hemos ido creando en las clases de castellano, partiendo de un poema de José Agustín Goytisolo: “El lobito bueno”, que en primer lugar aprendieron los alumnos y alumnas para recitar y cantar.

Hemos tomado sólo como referencia el inicio del poema “Erase una vez, un lobito bueno”, dejando que la imaginación fomentase la construcción de estos cuentos que han realizado de manera colaborativa.

Así, han leído y cantado el poema, luego han pensado y luego han escrito libremente, colaborando por grupos en la creación de personajes, la redacción de ideas y frases y argumentos basados en valores de armonía y respeto. Y aquí tenéis el resultado. Deseamos que os guste. Cuanto más leemos, mejor pensamos, hablamos, escribimos y creamos.

Estos cuentos son dedicados a todos aquellos y aquellas que luchan en defensa de la naturaleza y de los animales.


El lobito Petter

Érase una vez un lobito bueno llamado Petter, que vivía con su familia en una cueva fría y oscura. Petter estaba enamorado de Natalia, la prima de su mejor amigo, Zac. Además, le encantaba el chocolate. En el pueblo cercano a la cueva los habitantes tenían miedo del lobito porque siempre estaba merodeando por allí. Un día, una mujer contrató a un cazador:
-Señor cazador, cerca del pueblo hay lobos. ¿Puede venir a cazarlos?
-Claro que sí, señora-. -dijo muy seguro.-

El cazador se puso a la tarea y fue siguiendo el rastro de los lobos hasta que localizó las huellas de Petter. Eligió una pistola tranquilizante porque pensó que tenía una cara de buena persona y no se merecía hacerle daño. Un día, Zac estaba comprando en una tienda haciendo tiempo porque había quedado cerca de allí con Petter. En ese momento, escuchó un disparo: ¡Pum! Salió alarmado del establecimiento y vio a su mejor amigo tirado en el suelo, pensando que estaba muerto. 
-¡Ahh, qué desgracia! Tengo que avisar a su familia y a Natalia, pensó rápido. Salió corriendo a la cueva de los lobos y cuando llegó allí les dijo a sus padres:
-Ha ocurrido una desgracia. Vuestro hijo ha muerto.

La familia de Petter, gritando, bajó corriendo al pueblo, encontrando a  Petter en el suelo. Su madre, desesperada, le movió la cara, con tan buena suerte que se despertó.
-¡Es un milagro! -dijo Zac-
-No, no es un milagro. Le disparé tan solo un tranquilizante. -dijo el cazador.- No quería matar a nadie sin saber con certeza que era un malvado.
-¿Por qué habéis hecho esto? –preguntó un familiar de Petter.-
-Pensábamos que erais peligrosos y que atacabais. -los lobos siempre son malos, murmuraba la gente del pueblo, mientras el cazador intentaba convencerlos de que no siempre es lo que parece, intentando convencer a los habitantes del pueblo de que esta familia eran buenos lobos.-
-¿Entonces, por qué matan a otros animales? -preguntó una mujer.-
-Señora, pueden parecer malos pero solo necesitan cazar para alimentarse. Más vale que nos preocupemos por arreglar su casa. 
-Muchas gracias, señor cazador por defendernos. –Añadió la madre de Petter dirigiéndose al cazador.-
-Vamos todos a arreglarles la cueva con los materiales reciclados que tengamos –Ahora que estaban más calmados, siguieron al cazador para arreglar su casa. Cuando llegaron allí, se repartieron el trabajo que había que hacer. Unos arreglaron las ventanas para que no entrase el frío, otros pusieron las puertas, y otros arreglaron el jardín,  quedando una cueva muy divertida. ¡La cueva brillaba como nunca!.-

Antes de agradecer el trabajo a todo el pueblo por su ayuda y despedirse de ellos, Petter se dirigió a Natalia para pedirle su pata, diciéndole: 
-Desde que te conozco he querido siempre decirte que te quiero.
Natalia quedó paralizada porque no se lo esperaba pero emocionada dijo: 
"Siempre he soñado con oír esas palabras. ¡Yo también te quiero!".-

El padre de Petter gritó: “Esta noticia hay que celebrarla” -todos aplaudieron con mucho jolgorio y como a Petter le gustaba mucho el chocolate, decidió invitar a todo el pueblo haciendo una gran chocolatada que salía de una gran fuente para celebrar la amistad y el amor.- 

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. 

Cuento Colectivo de 4º C
  

El lobito Maúllo

Érase una vez un lobito bueno que vivía en el bosque de los espíritus malignos; un lugar muy inquietante. Sus padres, cuando era un lobezno lo abandonaron. Desde hacía mucho tiempo había caído una maldición sobre los animales del bosque  y solo podía romperse ese hechizo si el poder de esos seres fantásticos desaparecía. En ese bosque los seres vivos se habían transformado en trolls, gigantes, espíritus aterradores y  personajes monstruosos. 

El lobito se llamaba Maúllo porque emitía sonidos para quitarse el miedo y así llamar la atención de otros seres, que también se encontrasen solos como él. Era humilde y amable pero muy miedoso; por eso iba escondiéndose entre las rocas y los arbustos. 

Maúllo aunque estaba asustado bajó al pueblo en busca de ayuda. Allí se encontró con una chica que se llamaba Margarita. Ella, pronto percibió que Maúllo tenía un problema
- ¿Quieres que te ayude, Maúllo?
-Sí, vamos a volver a lo alto de la montaña para que veas este bosque aterrador

Cuando llegaron, Margarita se asustó al divisarlo y comprendió que debía presentarle a sus amigos.
-mira, Maúllo, te voy a presentar a unos amigos que tengo muy poderosos. -Uno era el perro Bulfi, otro la ardilla Chorlitilla y otro el pato Míster Cuac.- 

Bulfi, con su olfato, encuentra animales o personas si no hay nubes. La Chorlitilla siempre metía la pata pero al final acababa sin problemas, Míster Cuac era un científico muy inteligente que hacía pócimas mágicas y Maúllo,  maullaba y todas las nubes desaparecían. Margarita no tenía poderes especiales pero fue ella la que se encargó de preparar la batalla. 

Margarita pidió a Míster Cuac que hiciera una pócima para vencer a los monstruos. Cuando estuvo finalizada, entre todos, fueron lanzándosela a esos seres, acabando uno a uno con ellos.  Tan solo quedaba su rey pero se habían quedado sin pócima porque la Chorlitilla metió la pata y la derramó. Así que tuvieron que huir cuando aún no habían terminado el trabajo. 

Margarita volvió a pedir a Míster Cuac  que elaborase más pócima: 
-No tengo problema en hacerla de nuevo, Margarita, pero no tengo ingredientes ni tampoco una guarida donde hacerla.
-Pues volveremos a buscar los ingredientes -añadió Margarita.-

Y Bulfi, con su buen olfato, se dirigió a otros amigos y les animó:
-Nosotros nos encargaremos de buscar madera sólida y hacer una casa para escondernos allí y preparar un plan.  Mientras, Míster Cuac bajo al pueblo, escondiéndose del rey de los espíritus malignos, a buscar un recipiente para hacer la poción. A su vuelta, mientras preparaba el caldero, los demás seguían buscando los ingredientes y cuando estuvo terminada, todos la bebieron.

Todos, adornaron sus cuerpos para darse fuerzas. Margarita se vistió con una capa negra y una máscara. Míster Cuac se vistió de color lila. La Chorlitilla se vistió de gris con pinchos grandes por el cuerpo y se rapó la cabeza. Bulfi se disfrazó de hombre de oro y Maúllo del color de las estrellas; además cambió su nombre, llamándose Zplit, que quiere decir súper rápido.

Cuando todos estuvieron preparados, salieron de la cabaña preparados para el combate: Maúllo, maulló y desaparecieron las nubes, Bulfi olió el cielo y tras un rato encontró la pista del rey de los espíritus malignos. Todos dieron la responsabilidad a Chorlitilla para que viera que todos seguían confiando en ella, a pesar de haber tirado antes con su torpeza la pócima. Cuando todos esperaban las órdenes de Chorlitilla,  esta les dijo a todos con voz tontona:
-Esperad un momento que voy a hacer pis. -escondiéndose detrás de un árbol-  En ese momento llegó el rey maligno, amenazándolos a todos:
-¡No tenéis nada que hacer, estáis condenados a desaparecer!

Al acabar Chorlitilla de hacer sus necesidades, se encontró con esa escena y de la sorpresa, tropezó con una piedra y volvió a derramar la pócima que se volcó en su totalidad sobre el cuerpo del rey maligno cuando este comenzaba su ataque. Gracias a la torpeza de Chorlitilla se salvaron todos. Al desaparecer el rey maligno, elevándose hacia el cielo junto con el resto de seres y monstruos aterradores, Maúllo, maulló y desaparecieron las nubes rompiendo el cielo en cientos de colores que transformaron a los gigantes en aves. Todo el bosque volvió a su esplendor y el que había sido un rey maligno se convirtió en un soldado de la paz, llamado Ronald que se dirigió hacia Chorlitilla diciéndole: 
-¡Tú, me has salvado! ¿Quieres pasar el resto de la vida conmigo?
-Bueno, primero tendremos que conocernos pero te veo una buena persona. Pero dame un besito.

Maúllo, también se volvió hacia Margarita y agarrándole la mano le dijo al oído: 
-Tenemos toda una vida de bosque precioso por delante. 

Y Colorín, colorado este cuento se ha acabado.  
  
Cuento Colectivo de 4º B



El lobito Willy

Érase una vez un lobito bueno, llamado Willy. Su dueña era una bruja hermosa, pero malvada, que no le dejaba viajar con libertad a Airis, un lugar pacífico que había en el centro de un antiguo país llamado Siria; un espacio peligroso, olvidado y en permanente guerra.

El lobito no era como los demás lobitos. Willy tenía una cola larga como el dragón, las orejas de ciervo y el cuerpo fuerte como un toro y su mayor deseo era ir a vivir a ese espacio de paz que era Airis. El nombre de Airis tenía las mismas letras que Siria, solo que al revés.  

La bruja, conocía las intenciones de Willy y por eso preparaba una receta para dársela a beber. Su intención era adormecerle y así calmar la idea de que se fuera a Airis, pero el lobito, antes de que la bruja terminara el brebaje, se adelantó escapando por la ventana.

Cuando se encontraba lejos de la bruja, caminando dirección a Airis, se encontró con una lobita muy atractiva y simpática. Y se dirigió hacia ella: 
- Hola, lobita, ¿sabrías cómo puedo llegar a Airis de la manera más rápida? Llevo andando muchos días y estoy muy cansado.
- Sí, claro que sí. Yo siempre utilizo mi escoba mágica para transportarme. Si quieres puedo llevarte. -la lobita observó que Willy era un lobito bueno y le dio un voto de confianza.-

Los dos juntos, montados sobre la escoba, se dirigieron a Airis. Por el camino, según iban hablando se iban gustando cada vez más. Al llegar allí, la lobita se decidió a presentar a Willy a su familia que quedó encantada con la bondad y simpatía que mostraba el lobito. Al día siguiente, cuando estaba amaneciendo, Willy con sus grandes orejas de ciervo, se despertó con un ruido muy raro. La bruja estaba allí, con el brebaje que llevaba para dársela a Willy. Este, salió de la cama de un salto y con su musculoso cuerpo de toro, empujó a la bruja y golpeándola con su potente cola. La bruja quedó confundida y al despertarse dijo:
-¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois vosotros? –el golpetazo había provocado falta de memoria en la bruja.-
-¿No me conoces, bruja malvada?.
-¿Malvada, yo? Yo solo quiero ayudar a mi amigo Willy.
-Pues me tienes delante. –añadió el lobito.-
-Ah, sí. Ya te recuerdo. ¿Pero no sé qué bebida es esta?

El lobito sabía que ese brebaje lo había hecho la bruja para él, pero entonces pensó que era un buen momento para dárselo a beber a la bruja para que le hiciese el efecto contrario.
-Anda, tomate esto para ponerte bien. –la bruja se lo bebió y el resultado fue espectacular.-
-¡Que bien que me siento! Es muy refrescante. Tengo ganas de saltar y de jugar con vosotros. –la pócima había conseguido cambiar el carácter de la bruja, aunque había dejado de ser tan hermosa.-

La bruja no paraba de hablar con la gente que veía y desearles buenos días. Según iban entrando en el territorio de Siria esos deseos se iban convirtiendo en una fiesta y colaboración entre todos y todas, que se iba extendiendo, de tal manera que la gente dejaba de matarse. Como Siria era muy grande, al lobito y su amiga se les ocurrió una cosa:
-¿Oye, brujita, por qué no montas con nosotros en la escoba y nos vamos desplazando con más rapidez por Siria?
-Sí, porque me hace muy feliz y he descubierto lo divertido que es ver a la gente contenta. –siguieron su camino por todos los rincones del país y las balas de los rifles y de los cañones fueron callándose para dar paso a una fiesta hecha por todos. A la bruja dejó de importarle haberse vuelto fea porque ahora ya no necesitaba la belleza.-  

Así fue como Siria dejó de ser un país destrozado por la guerra.

Y colorín, colorado este cuento se ha acabado.
  
Cuento Colectivo de 5º C


Poemas:



 Propuesta de Poemario para la escuela


Arcipreste de Hita: 1283-1350

  • Lo que puede el dinero
Jorge Manrique: 1440-1479
  • Coplas a la muerte de su padre
Quevedo: 1580-1645
  • Es amarga la verdad
Calderón de la Barca: 1600-1681
  • Cuéntase de un sabio un día
Felix de Samaniego: 1745-1801
  • Cuento de la Lechera
Espronceda: 1808-1842
  • La canción del pirata: 
Antonio Machado: 1875-1939
  • Recuerdo infantil
León Felipe: 1884-1968
  • Como tú
  • Qué lastima 
García Lorca: 1898-1936
  • El Jinete Muerto
Rafael Alberti:  1902-1999
  • El tonto de Rafael. 
  • Balada del que nunca fue a Granada
  • A Galopar.  
Pablo Neruda: 1904-1973
  • Veinte poemas de amor y una canción desesperada
  • Canto General
Miguel Hernández:  1910-1942                                      
  • Andaluces de Jaen 
  • Nana de la cebolla
Blas de Otero: 1916-1979
  • En el principio
Benedetti: 1920-2009
  • No te salves
Agustín García Calvo: 1926-2012
  • Libre te quiero: 
José Agustín Goytisolo: 1928-1999
  • Lobito bueno
  • Me lo decía mi abuelito
  • Palabras para Julia



Se agradecen comentarios y propuestas de trabajo para incorporar al taller.