En Extremadura, María Guardiola ha inaugurado el
Dialogo Social del 50% con los sindicatos. Su pacto con VOX, para el gobierno
de nuestra comunidad, incluye en el capítulo 10, el epígrafe: “Gastos
improductivos”, que contempla la reducción de subvenciones, entre otros, a
sindicatos. La aseveración del calificativo de partida marca tendencia. El
gobierno extremeño se obliga a justificarlo desde un punto de vista que no sea
político, echándole la culpa a la Ley 2/2015 de
Desindexación de la economía española. ¡Son tan previsibles!
Esta cesión a la extrema derecha solo puede
contemplarse desde un punto de vista ideológico, explicitándose que se minusvalora
el papel constitucional de los sindicatos, que el diálogo social nunca fue
entendido por la derecha, a veces también por la izquierda y que molestan. Son
esas pequeñas cosas que inciden en desguazar la democracia. Las subvenciones
concedidas a los sindicatos, a los empresarios o a las ONGs, son partidas
finalistas que deben justificarse con acciones en el mundo de la empresa o en
la participación institucional con la administración, que no deben nunca justificarse
como improductivas. La presencia de los sindicatos, molesta y de ahí, la
“improductividad” de los sindicatos.
Desde el principio de los tiempos, los sindicatos
han sido el chivo expiatorio del poder político y económico. Con la huelga del
27 de enero de 1994, promovida contra la reforma laboral, el despido flexible y
la entrada de las ETTs, de Felipe González, los sindicatos sufrieron una
primera andanada de agresividad mediática y política, recibiendo también las
amenazas de recortes de supuestas ayudas a los sindicatos. Esa fue la respuesta
a una movilización que contó con una participación equiparable a la huelga del
14-D. Se iniciaba la conformación de un relato con intencionalidad, que no era
estéril, ni gratuito. La criminalización de los diferentes siempre ha sido una
estrategia común a los gobiernos que se apartan de los criterios democráticos,
existentes en nuestra Constitución.
Más allá del debate sobre la cantidad que reciben
estas organizaciones en los presupuestos de Extremadura -284.850 euros-; cantidad
que vendría a suponer la subvención de cinco corridas de toros, sería muy de
agradecer que la secretaria general de Hacienda, Administración Pública y
Dialogo Social, María Inmaculada Núñez, y las propias organizaciones afectadas
pudieran objetivar la productividad social de cada convenio colectivo aprobado;
autonómico, provincial, de empresa o sin cobertura, para más de 400000
trabajadores-as afiliados a la Seguridad Social en Extremadura, que se
benefician de la negociación colectiva sin necesidad de estar afiliados a un
sindicato. Tal vez con otros criterios,
la Ley 2/2015 de Desindexación, facultaría al gobierno a dar otra respuesta más
razonada.
Por no hablar de la productividad en los acuerdos
de pensiones para los 240000 jubilados extremeños, en las subidas del S.M.I., o
la mejora que supone la aprobación de planes de igualdad, de salud laboral, de
formación y competencias con repercusión para generar valor añadido en las
empresas. La lista sería muy larga, pero es más fácil crear en el imaginario
colectivo que los derechos, cuando se consiguen, caen del cielo. Las cortapisas
a los sindicatos facilitan el oscurantismo del poder, tras las cortinas.
Seguro que molestan los sindicatos de clase
cuando denuncian que en Extremadura no se pagan más de 1,5 millones de horas
extraordinarias, suponiendo más de 18 millones de euros en rentas del trabajo,
defraudándose a la seguridad social 5 millones de euros, en cotizaciones.
No nos engañemos, a estas alturas del partido, es
mucho más ventajoso dejar fuera de juego a interlocutores que no molesten
porque consumir patria es mucho más lucrativo y debe ser un Malinche de Nacho
Cano, la “prioridad nacional”, a millón de euros.
La reducción de las partidas finalista a los
sindicatos tiene un objetivo oculto, desvalorizarlos, sembrar la duda mientras
las crisis las resolvemos donando dinero a los bancos. Dejemos a patronal y
entes económicos que nos hiperregulen las condiciones de vida mientras
desregularizamos a los sindicatos.
Con la llegada de un partido antidemocrático como
VOX a los gobiernos, nos anuncian un proceso de desregulación nada innovador.
Los nazis diseñaron, empleando esa misma palabra, el desmontaje de la República
de Weimar, incorporando nuevos valores: desigualdad, jerarquía, desregulación
de los principios democráticos, darwinismo social, racismo… Solo, cuando
Hitler, en su discurso ante el Club de la Industria de Dusseldorf, se reúne con
más de trescientos patronos en junio de 1932, propugnando su teoría de los
mejores, repudiando la democracia en la empresa; cuestionando duración de la jornada,
la semana de cinco días, el principio de representatividad sindical en la
empresa y otras formas de cogestión laboral, se hizo la luz para la
patronal. Solo entonces, la patronal de Porsche,
BMW, Deustche Bank, Hugo Boss, Thyssen, Von Schroder, Pelikan o Hugenber…y los
nazis habitaron el mismo ecosistema mental. Luego vino la desregulación de
todos los derechos alcanzados con su “Ley de ordenación del trabajo nacional”
en 1934, prohibiendo sindicatos, negociación colectiva o derecho a la huelga.
Uno, que viene del futuro, presiente que con un
gobierno PP-VOX en España, la desregulación nos va a dar muchos dolores de
cabeza a trabajadores, mujeres, pensionistas, desempleados o estudiantes. Y
entonces, muchos que hoy vociferan contra los sindicatos, se acordarán de
ellos.

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