sábado, 2 de mayo de 2026

¡Ni comida, ni sanidad, ni ná!

 



Una voz en off en la serie de M. El Hijo del siglo, basada en el ensayo de Antonio Scurati, abre el primer capítulo con una proclama de Mussolini: “Siempre llegará un momento en el que los pueblos perdidos abrazan las ideas simples”. Entonces, explota en mi cabeza una indigencia intelectual y moral como el pretendido concepto de “prioridad nacional”. Si no puedes ofrecer una solución, busca un culpable.  

Una errónea lectura de La Llamada de la Tribu, de Vargas Llosa, les conduce a ofrecernos este marco conceptual hasta las próximas elecciones generales bajo el auspicio de un desesperado PP, renunciando a los valores y principios de la Constitución. Hablan de prioridad nacional, para evitar paralelismos entre inmigración y racismo; aunque el problema de base es la aporofobia, es decir, su clasismo ancestral. Como diría Gil de Biedma, su aspiración histórica consiste en que media España ocupe la España entera. 

A fuerza de falta de propuestas y soluciones colectivas, no les queda otra opción que presentar una forzada épica de destrucción. De la misma forma que nos hicieron creer, sus antepasados ideológicos, que Don Pelayo inicio la Reconquista desde Asturias, ahora pretenden plantar una pica en Extremadura como génesis de la segunda reconquista de España. Ni existió la Reconquista de un territorio que no pertenecía a estado alguno, ni el invento de la prioridad nacional es novedoso; por aquí ya ha pasado el finiquitado Orbán, el clan Lepen o el psicópata de Trump. Es una narrativa conocida de antiguo, expresada recientemente en Davos, por otro psicópata como Milei, donde la desigualdad es inevitable, naturalizada y el sufrimiento social es un daño colateral, sin solución, que es lo que nos ofrece el acuerdo PP-VOX.

Efectivamente, leyendo ese acuerdo, “palabra por palabra”, que ha sido formalizado en cuatro largos meses, se entiende todo. A los propietarios de Almaraz, con beneficios cercanos a los diez mil millones de euros en 2025, les vamos a perdonar hasta 2029, unos noventa millones de euros. O se rebajarán los impuestos de sucesiones y donaciones al 1% de extremeños que hereden más de quinientos mil euros, teniendo en cuenta que tenemos un 32,8% de tasa de pobreza; la segunda más alta de España. ¡En eso consiste su bajada de impuestos!

El ahora vicepresidente de la Desregulación, Oscar Fernández, en el acto de investidura de María Guardiola, sintetizaba de forma sustantiva y preocupante, en una sola frase, la clave de bóveda de su marco referencial: “no hay comida ni sanidad para todos”; puede que saturado por esa situación apocalíptica que describen de una España rota, partida, invadida, empobrecida y en estado terminal. De lo que subyace en su relato, debemos inferir que también se refiere a salarios, pensiones, prestaciones sociales, educación, bonos sociales y todo aquello que, gracias a nuestros impuestos, obtenemos como devolución en salario diferido. Siguiendo su estela, los sindicatos y las ONG, en la defensa de clase o de los más vulnerables, son “improductivos”.  

Quien protesta, estorba. Hay concordia, solo si la memoria es selectiva. El dolor es pedagógico para “espabilar” y la violencia hacia los mas vulnerables es una consecuencia inexorable del mercado “correcto”. El odio es una peligrosa forma de organizar el malestar social, pero a ellos les sirve; la confrontación competitiva dentro de la misma clase simplifica la diana sobre un chivo expiatorio cuando se trata del reparto de migajas. La manipulación de la emocionalidad facilita la criminalización del diferente. Otra cosa es la lucha de clases, pero requiere de valores, ideas y actitudes complejas rara resolver las causas de un conflicto.

Hagan caso a María Guardiola y lean “palabra por palabra” y comprenderán la deriva de criminalización, desmemoria, segregación e insolidaridad, en una Extremadura despoblada, sin una sola idea o soluciones para un proyecto colectivo.