Y si no es ahora, ¿cuándo?, que decía Robe Iniesta. La pregunta que debe hacerse a la clase política extremeña es si, dentro de su concepción de proyecto para Extremadura, cabe terminar de una vez por todas una reclamada autovía que conecte el norte de la región con Portugal.
Hágase una cumbre con Portugal si es necesario. Hablen, acuerden y dejen de marear la perdiz. Cada cual que cargue con sus penitencias por acción u omisión y asuma el resultado de las urnas, en la eterna construcción de la denominada Autovía de la Esperanza.
No nos vengan con campañas de 'Habla, Extremadura', 'Fulanito te escucha' y similares. El movimiento social lleva clamando en el desierto desde hace muchos años. En esta ocasión, el relato y la razón ya los ha ganado una reclamación ciudadana: la movilización del 20 de mayo en Monfortinho. Una llamada de atención para que, desde las atalayas de los despachos —y especialmente desde quienes deberían haberla impulsado— se apueste por adivinar el futuro. Es hora de que la política forme parte del proceso y de su final. El mejor relato son los hechos, con presupuesto y calendario.
La terminación de la autovía entre Moraleja y Castelo Branco ha entrado, por fin, en foco. Seis meses para formar gobierno deberían ser suficientes para plantear sin tibieza esta prioridad. Para esta parte de Extremadura, la prioridad está clara: solo 18 kilómetros, que deberían haberse contemplado en cualquiera de los presupuestos autonómicos de la última década.
Estamos tan focalizados en el AVE Madrid–Lisboa que somos incapaces de conjugarlo, copulativamente, con otras demandas de infraestructuras que necesita nuestra comunidad. Apenas queda un doce por ciento de autovía por concluir entre territorio portugués y español en un enlace internacional Madrid–Lisboa pasando por Monfortinho. No se trata solo de reducir tiempos por ferrocarril entre las dos capitales, también por carretera.
Un diario extremeño señalaba recientemente cómo, en la capital regional, el cruce entre la A‑5 y la A‑66 está generando sinergias logísticas, empresariales y de empleo. Pues bien, el norte de Extremadura reclama —no por capricho— favorecer con la encrucijada A‑66 y Ex‑A1 las mismas oportunidades para un territorio que necesita conexiones con Portugal, en una zona transfronteriza donde la densidad de población se reduce a pasos agigantados, agravado por el envejecimiento demográfico.
Hay que celebrar la petición de reunión de Álvaro Cotrina a la presidenta María Guardiola. Sería deseable que, más allá del protocolo, permitiera un marco de entendimiento sobre la movilidad de los extremeños, donde tanto el gobierno central como la comunidad autónoma tienen responsabilidades. Algo similar a lo que fue en su día el Pacto Social y Político por el Ferrocarril, arropado por todos los partidos de la Asamblea. Extremadura nunca ha conocido un incremento tan notable de inversiones como el que trajo aquel pacto. Sobran razones para proponer y apoyar un pacto por las infraestructuras que se mantenga en el tiempo, gobierne quien gobierne.
Las infraestructuras son esenciales en la lucha contra la despoblación. El Instituto Nacional de Estadística predice para 2050 una caída demográfica del 3,6% en Extremadura, mientras que España crecerá un 10,5%. Puede que haya llegado el momento de plantear, como región, la concreción del pago de la deuda histórica en forma de inversiones e infraestructuras.
Menos hablar de la España vaciada y más obras para evitar la Extremadura a vaciar. Resulta incomprensible que, en un contexto de fondos europeos destinados a generar movilidad en zonas fronterizas, 18 kilómetros de autovía supongan una amenaza para políticos miopes, instalados en tacticismos partidarios. ¿O nos están diciendo que Moraleja, Coria, Plasencia o Ambroz, Gata y Hurdes pertenecen a una división regional sin preferencia? O quizá los dioses que habitan en Emérita Augusta se hayan vuelto locos y nos quieran ciegos, mudos y emigrados.
Como diría José Sacristán: “Lo importante es antes”.
la encina solit(d)aria
Un árbol del que aprendo a resistir. Abrigo para el quiera cobijarse. Cuando se agrupa en dehesa, como los hombres en colectividad, es indestructible. Es puro mediterráneo. Es la genética de mi memoria; mis recuerdos, mi paisaje y todas mis querencias van unidas a él. -Miguel Coque Durán-
jueves, 28 de mayo de 2026
sábado, 2 de mayo de 2026
¡Ni comida, ni sanidad, ni ná!
Una voz en off en la serie de M. El Hijo del
siglo, basada en el ensayo de Antonio Scurati, abre el primer capítulo con una
proclama de Mussolini: “Siempre llegará un momento en el que los pueblos
perdidos abrazan las ideas simples”. Entonces, explota en mi cabeza una
indigencia intelectual y moral como el pretendido concepto de “prioridad
nacional”. Si no puedes ofrecer una solución, busca un culpable.
Una errónea lectura de La Llamada de la Tribu,
de Vargas Llosa, les conduce a ofrecernos este marco conceptual hasta las
próximas elecciones generales bajo el auspicio de un desesperado PP, renunciando
a los valores y principios de la Constitución. Hablan de prioridad nacional,
para evitar paralelismos entre inmigración y racismo; aunque el problema de
base es la aporofobia, es decir, su clasismo ancestral. Como diría Gil de
Biedma, su aspiración histórica consiste en que media España ocupe la España
entera.
A fuerza de falta de propuestas y soluciones
colectivas, no les queda otra opción que presentar una forzada épica de
destrucción. De la misma forma que nos hicieron creer, sus antepasados
ideológicos, que Don Pelayo inicio la Reconquista desde Asturias, ahora
pretenden plantar una pica en Extremadura como génesis de la segunda
reconquista de España. Ni existió la Reconquista de un territorio que no
pertenecía a estado alguno, ni el invento de la prioridad nacional es novedoso;
por aquí ya ha pasado el finiquitado Orbán, el clan Lepen o el psicópata de
Trump. Es una narrativa conocida de antiguo, expresada recientemente en Davos,
por otro psicópata como Milei, donde la desigualdad es inevitable, naturalizada
y el sufrimiento social es un daño colateral, sin solución, que es lo que nos
ofrece el acuerdo PP-VOX.
Efectivamente, leyendo ese acuerdo, “palabra por
palabra”, que ha sido formalizado en cuatro largos meses, se entiende todo. A
los propietarios de Almaraz, con beneficios cercanos a los diez mil millones de
euros en 2025, les vamos a perdonar hasta 2029, unos noventa millones de euros.
O se rebajarán los impuestos de sucesiones y donaciones al 1% de extremeños que
hereden más de quinientos mil euros, teniendo en cuenta que tenemos un 32,8% de
tasa de pobreza; la segunda más alta de España. ¡En eso consiste su bajada de impuestos!
El ahora vicepresidente de la Desregulación,
Oscar Fernández, en el acto de investidura de María Guardiola, sintetizaba de
forma sustantiva y preocupante, en una sola frase, la clave de bóveda de su marco
referencial: “no hay comida ni sanidad para todos”; puede que saturado por esa
situación apocalíptica que describen de una España rota, partida, invadida,
empobrecida y en estado terminal. De lo que subyace en su relato, debemos
inferir que también se refiere a salarios, pensiones, prestaciones sociales,
educación, bonos sociales y todo aquello que, gracias a nuestros impuestos,
obtenemos como devolución en salario diferido. Siguiendo su estela, los
sindicatos y las ONG, en la defensa de clase o de los más vulnerables, son
“improductivos”.
Quien protesta, estorba. Hay concordia, solo si
la memoria es selectiva. El dolor es pedagógico para “espabilar” y la violencia
hacia los mas vulnerables es una consecuencia inexorable del mercado “correcto”.
El odio es una peligrosa forma de organizar el malestar social, pero a ellos
les sirve; la confrontación competitiva dentro de la misma clase simplifica la
diana sobre un chivo expiatorio cuando se trata del reparto de migajas. La
manipulación de la emocionalidad facilita la criminalización del diferente.
Otra cosa es la lucha de clases, pero requiere de valores, ideas y actitudes
complejas rara resolver las causas de un conflicto.
Hagan caso a María Guardiola y lean “palabra por
palabra” y comprenderán la deriva de criminalización, desmemoria, segregación e
insolidaridad, en una Extremadura despoblada, sin una sola idea o soluciones
para un proyecto colectivo.
martes, 14 de abril de 2026
Alianza para volver a Extremadura
Volver a Extremadura debe ser más que un lema de campaña. Es la Extremadura que nos falta y que debemos seguir exigiendo ante el Estado, sin ningún complejo. Eso es lealtad a un proyecto socialista para nuestra comunidad.
Asistimos a un espectáculo circense de los que pretenden gobernarnos, que requiere de una oposición fuerte, contundente y sin aspavientos. Ni colonia de eléctricas, ni conejo de laboratorio. A Extremadura la salvan las ideas y la acción, la colaboración y no la competencia entre propios. No la va a salvar ni madre purísima, ni el tan celebrado “altísimo”.
Haber celebrado un proceso de primarias, aunque ha sido en un contexto de paternalismos y tutelajes, era necesario para hacer posible un incuestionable cambio de tiempo dentro del socialismo extremeño. La lógica apuntaba a volver a oír a los oráculos oxidados del partido, pero se ha salvado el primer set. Con Álvaro Sánchez Cotrina ha estado la mayoría, pero no son todos los que están… Seguro que, integrando, ganará talento.
En las organizaciones, en cualquiera, hay que distinguir el trigo de la paja y ahí es donde Álvaro no puede equivocarse. Por la presencia del socialismo extremeño a lo largo del autonomismo, su abrumadora comparecencia en las instituciones ha generado un patrón de político más desenvuelto entre las moquetas y alfombras que en el mestizaje con la conflictividad de la calle. Para muestra, el gobierno de Monago, donde se mostraba la flojera de las entretelas del partido y donde la oposición muchas veces cayó sobre otros hombros.
Considero que el resultado de primarias en Extremadura merece una nota alta, aunque la evaluación del fracaso del 21 de diciembre haya podido recibir un brochazo grueso. Sí, se constató que Miguel Ángel Gallardo había sido parte del problema, pero sería un error ocultar los errores anteriores de otros.
Tocaba reseteo y tanto Soraya Vega Prieto como Álvaro han demostrado que han sido un revulsivo para esa militancia a la que desde hace mucho tiempo no se escuchaba, aunque la prisa y el ruido hayan tapado lo sustantivo de lo que piensan sus agrupaciones locales. El resultado tranquilo y democrático ha dado argumentos para la autonomía del nuevo secretario general. Ha habido pasión, coraje, movilización, pero ahora faltan las propuestas para que esos diez mil afiliados y afiliadas puedan sacar pecho, y ahí es donde realmente se dirime el resultado del partido.
Hace tiempo que el proyecto de Extremadura quedó desdibujado dentro del socialismo extremeño, y eso lo percibe el militante y mucho más el ciudadano. En el documento y decálogo de Álvaro, me llama la atención algo obvio, pero central: somos la región con las provincias más extensas, hecho dado por Javier de Burgos en una división territorial de España que nos ha determinado desde 1833. Necesitamos cercanía de la autonomía, y ello exige descentralización. Mérida, Badajoz y Cáceres no puede ser el resultado final de avanzar todos juntos, porque se reproduce el concepto de España vaciada dentro de la propia comunidad.
El diagnóstico, tantas veces repetido, de una Extremadura despoblada requiere de políticas valientes, donde los diputados y diputadas del PSOE de Extremadura, o del millón de sus habitantes, sirvan para reclamar su deuda histórica, nunca pagada, ante un Estado que repartió papeles en el siglo XIX, asignándola un rol secundario, y que posteriormente, en la II República, frustró la reforma agraria que distribuyera el pan y la tierra, quedando diseñada la emigración de miles de extremeños como solución a los planes de desarrollo que se gestaron en otros territorios.
Por tanto, toca reivindicación mantenida en el tiempo para la equidad entre territorios, alejándonos de pusilánimes celebraciones florales cuando queda tanto por luchar. Extremadura requiere de infraestructuras que la vertebren de norte a sur y de este a oeste. Es un error seguir esperando al AVE para la articulación de nuestra comunidad; es necesario resolver el error histórico del cierre de la línea “Ruta de la Plata”, en 1984, en un nuevo contexto de conectividad y movilidad de la ciudadanía, y decir qué queremos ser dentro del Corredor del Atlántico.
Frente a los oscuros tiempos de vuelta al centralismo, un socialismo extremeño con más coraje para reclamar más autonomía, con más infraestructuras para Extremadura. La próxima conferencia del PSOE de Extremadura debe fijar proyectos y calendarios que ofrecer en 2027, tanto para las elecciones municipales, autonómicas y generales. Eso es: Alianza para volver a Extremadura.
domingo, 22 de marzo de 2026
Los chamanes de la tribu
Los chamanes de la tribu, son los ventrílocuos de los dioses en las culturas mágicas. Dioses creados que sirven para amortiguar los miedos, establecer jerarquía de valores y reglar la sociedad para evitar el caos. Los chamanes tienen la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva desde los intereses de los dioses inventados por los más listos de la tribu, para dar explicaciones según se antoje. Tratan de establecer un relato y una lógica causal, pretendiendo tener la capacidad de sanar, trascender con los espíritus de los ancestros y adivinar el futuro según convenga. Mediante procesos mágicos puede interpretar factores climatológicos, como que la desertización es un juego inocente de los dioses.
Me sirve la figura del chamán para establecer un paralelismo con partidos políticos que ha normalizado la mentira y elaboran de forma interesada un relato mágico sobre España. Feijóo y Abascal, siguen la estela de los anteriores jefes del clan. Un clan que sobrepasa la estructura de sus partido como instrumento intermedio para interpretar la voluntad de sus dioses inventados.
El dúo españolista, vuelve a repetir la tradición de chamán, que escucha a los dioses e interpreta las voces que le llegan de sus ancestros; revisados y blanqueados por una historia negacionista hecha a su imagen y semejanza. La tribu está cansada y no busca la racionalización del proceso; tan solo una narración que les de certidumbres y un chamán con múltiples tentáculos se la sirve en bandeja. La psicología lo explica como "sesgos cognitivos"; que ante un pensamiento complejo, tendemos a la simplificación de los sucesos y elegimos respuestas muy desacertadas, pero comprensibles.
Desde que se inició el cambio de siglo, se han producido acontecimientos en España que han ido normalizando un relato mágico y fabulado. El desastre del Prestige y el Yak 42 fueron catástrofes que el chamán de la tribu comenzó a justificar con explicaciones basadas en la mentira. El “Tamayazo” en Madrid o la participación de España en la Guerra de Irak, se justificó bajo la amenaza de que ese país fabricaba bombas de destrucción masiva y el chaman tenía la pócima salvadora para no enfadar a los dioses. Con la Guerra de Irán, vuelven a profundizar en la idea de llevarnos al lado oscuro de la historia, cuando solo se trata de petróleo.
Cuando llegó el acto terrorista del 11-M, y la gran mentira de nuestra democracia tuvo como respuesta colectiva un cambio de gobierno, la tribu celtíbera dejó muy claro que en política no puede valer la mentira como fórmula para mantenerse en el poder. La respuesta fue tajante y la institución de la democracia quedó a salvo, de momento. Eso sí, los grandes clanes del país se pusieron a la tarea, en alianza con sectores involucionistas, cuestionando al patrocinador de aquella masacre, pero la tribu de ETA, a pesar del disgusto de los chamanes de la tribu, había claudicado en 2011.
Vino una crisis del dios del dinero e invocaron nuestra ayuda para salvarlo y así salvarnos a nosotros. Eso, al menos, decían los chamanes de la tribu. Austeridad que demandaban los dioses coléricos, con devaluaciones de nuestras propiedades, salarios y el recorte de todos los servicios públicos. Pero volvieron a ser desalojados. Ahora vuelven, entre misiles más sofisticados, a una nueva devaluación de nuestras vidas, mientras un ataúd es recibido, en un aeropuerto, en la desolación de unos padres sin horizonte.
Cada vez que los chamanes son expulsados de la tribu, llega un escudo social de razón para que todos sobrevivamos, pero al mismo tiempo, un bucle malsano vuelve a generar todo un artificio de realidades paralelas que vaya calando, como lluvia fina, en una parte considerable de la sociedad; ansiosa por buscar respuestas mágicas, buscando el confort psicológico que resuelva todas las disonancias de la tribu. Es el correctivo de Sísifo, por nuestra necedad. Como la sangre que riega la vena, vuelven a entronizar los chamanes de la tribu. El chamán Aznar lanza, con un rictus serio y trascendente, la misma receta de aquella crisis; la de la austeridad o la más reciente de "el que pueda hacer, que haga".
La tribu, harta de tanto ruido basado en la rabia y la catástrofe, debe responder a los falsos anuncios apocalípticos de los chamanes. Ruido emocional e histriónico para deslegitimar, cueste lo que cueste, porque hay que calmar a los dioses, una vez más.
Su objetivo es desvalorizar nuestra democracia para avanzar en esa estrategia concertada de deslegitimación de instituciones, tratando de expulsarnos cada día, un poco más, de los espacios públicos, para apropiarse con exclusividad de ellos. ¡Los dioses quieren volvernos locos!
viernes, 6 de marzo de 2026
Nunca más un 11-M
Malos tiempos para la equidistancia. Cuatro
palabras como opción: ¡No a la guerra! Aprender de la historia y de las
experiencias colectivas vividas. Respeto al derecho internacional como
principio para defender los derechos humanos.
Hace veintidós años, fruto de una guerra ilegal
propiciada por el famoso trío de las Azores, nos devolvió un dramático 11 de
marzo; inicio de la ruptura de todos los consensos. A día de hoy, tan solo
Aznar no ha pedido perdón por ese ataque.
Aquel trágico suceso, fruto de la unilateralidad
y en defensa de intereses espurios, marcó el inicio de una trumpismo sin Trump,
tratando de normalizar la violación de la soberanía de los estados,
fundamentada en la mentira. Una mentira que vuelve a repetirse con la agresión
de EEUU hacia Irán. La guerra y la mentira siempre van unidas y el verbo mentir
se hizo carne y habitó entre nosotros. Y la mentira llevó a las elaboradas farsas
en un coro afinado de plumillas y políticastros que arrastrados por convertir
su deseo en realidad no cesan de mentir.
La “furia épica” consiste en bombardear un
colegio de niñas, invadir países para colmar sus compulsivas ansias
petrolíferas e insultar a todos aquellos artesanos de la paz, alejados de
mamporreros embriagados en sus sueños húmedos. Ellos, en su épica trasnochada,
ya estarían plantando los pies sobre una mesa y oliendo a napalm en los desiertos
lejanos.
Todo queda reducido a la furia; la de los
psicópatas que inventan cuentos para dormirnos o para que no podamos dormir.
Torticeros hasta torturar una frase: “estoy cómoda”, por “estoy con
Trump”. Vomitiva gentuza que no tuvieron bastante con aquel trágico 11-M. Capataces
y esquiroles de un chulo de barrio.
El PP se ha convertido en el partido de la mentira. Mintieron
con el suceso del Yak 42 con 75 fallecidos; con una contratación irregular del
avión y falsificando la identificación de los muertos, que se cerró sin
culpables. Mintieron un año después, con
la muerte de 192 personas y dos mil heridos, en un atentado que nunca
olvidaremos. Mintieron una vez más, y desde entonces realizan un viaje sin
vuelta atrás. Mentira como clavo ardiente al que asirse, para salvar los
muebles, sus nombres y sus haciendas.
Con la mentira del 11-M, rompieron todos los
consensos, iniciando una polarización como un recurso de salvamento. La verdad
no podía ser un impedimento para mantener el poder. La fabricación de bulos sobre los causantes de la matanza,
derivó en una salida del carril democrático. Desde entonces, ya nada ha sido
igual y el PP ha transitado por las líneas rojas que le alejan de ser un
partido de Estado.
El 14 de marzo de
2004, con la victoria de Zapatero, comenzaron un relato sobre la ilegitimidad
de los gobiernos socialistas que aún no han abandonado. Con Pedro Sánchez la
historia de Zapatero se repite: confrontación, manipulación, deslegitimación y
crear las condiciones para un insufrible ruido que provoque la tensión social
necesaria para un cambio de Gobierno.
La placentina Pilar
Manjón, madre de uno de los asesinados, significada en la denuncia contra un
Gobierno que mintió desde el minuto uno, recibió el desprecio en las palabras
de Álvarez Cascos: «cambiamos de Gobierno por esta puta y cuatro mierdas
más»; toda una declaración institucional que anunciaba una posición de
revancha. Al mismo tiempo, Esperanza Aguirre, al entregarle una ayuda para la
Asociación 11M, Afectados del Terrorismo, diciéndole: «esto es mejor que un
premio de lotería, porque no paga a Hacienda», mostraba el rencor de los derrotados.
El 11 de marzo
comenzó un viaje hacia la sobreactuación, la hipérbole y la manipulación que ha
desembocado en un intento de deslegitimación cada vez que ha vuelto a gobernar
el PSOE. Un itinerario que comenzó con su fallida “teoría de la conspiración”
por la vía de una sentencia jurídica. Una cinta de la Orquesta Mondragón
significaba una prueba de la implicación de ETA en el atentado. El Mundo con
Pedro J. Ramírez, Jiménez Losanto y la COPE, en alianza con el PP,
multiplicaron las dudas junto al que formó parte del “Trio de las Azores”,
asumiendo el dogma de que “los terroristas no andaban en desiertos muy
remotos ni en montañas muy lejanas”. Y Aznar, se fue de rositas.
Tras la vuelta de
las tropas españolas de Irak, vino la Ley de Igualdad, el matrimonio
homosexual, el divorcio exprés, o la Ley de Memoria Histórica y ante estos
avances sociales, el PP elabora a través del Foro de la Familia toda una suerte
de movilizaciones repetidas para luchar contra las plagas y catástrofes que
anunciaban el fin de la familia. Ni siquiera la gratificante financiación a la
Iglesia Católica a través del Impuesto de la Renta amainó la movilización
propiciada desde la misma cadena de radio que auspició la crispación social con
sus tremendismos. Luego, el boicot al Estatuto de Cataluña fue otro banderín de
enganche para la confrontación.
Cuando nos
preguntamos sobre la polarización social en nuestro país, podemos concluir que
la derecha solo vio en su momento una estrategia para alcanzar el poder a
través de la polarización y la tensión social. No fue suficiente que, en el
2011, la banda terrorista ETA cesara en las armas y la derecha volvió a agitar
el fantasma de las cesiones y la venta de la Patria al enemigo.
Perpetuar la mentira como posverdad, dinamitar los consensos sobre instituciones, hablar de libertad para acusar al otro, mientras en un edificio de la calle Génova se destrozaba a martillazos la verdad. ¡Nunca más otro 11 de marzo!
domingo, 15 de febrero de 2026
La España que descarrila
El accidente de Adamuz debe conducirnos a reflexiones múltiples, entre ellas, marcar el acento sobre el trasnochado diseño radial del ferrocarril en la España de las autonomías, o sobre la concentración de inversiones en el AVE, desde los años 90, olvidando el tren de cercanías y media distancia que realmente cohesiona y vertebra territorios. Ejemplo paradigmático de líneas funcionales que rompían ese criterio radial, vertebrando territorios fue el extinguido 'Ruta de la Plata', que articulaba la comunicación de todo el oeste: Gijón-Sevilla. La génesis de la España descarrilada, por falta de trenes, podríamos situarla en el oeste de nuestro país; la España Vaciada o “vacilada”, que diría el castizo.
En la vorágine de la alta velocidad, sería demagógico buscar culpables únicos. Puede que todos hallamos participado, irresponsablemente, de una ilusión cara, provocando mayores desequilibrios territoriales, al concentrar la sustantividad de las inversiones en la alta velocidad. Desde la puesta en marcha de la línea AVE, Madrid-Sevilla, la población de España ha crecido en 11 millones y los déficits ferroviarios y de seguridad han respondido a un continuo de inversiones, según cada gobierno, significando con objetividad que el Gobierno de Rajoy se lleva la palma en aminoración de inversiones.
Deberíamos, por tanto, plantearnos colectivamente, un modelo de red ferroviaria sostenible, que cohesione territorios, fijando población y vertebrando el acceso a los servicios públicos. En este sentido, la ley de Movilidad, teóricamente, debe contemplar nodos e intermodalidad en el transporte, en igualdad de oportunidades, para toda la ciudadanía, que no nos condenen a pasar obligatoriamente por Madrid.
Debe superarse la evidencia de una realidad que nos lleva a unas marcadas infraestructuras en territorios sobrepoblados y en su desertificación en aquellos con déficit poblacional, entrando en un bucle insostenible que deben ser resuelto para no aumentar la asimetría entre una oeste hemipléjico y un triángulo saturado Madrid-Barcelona-Valencia, que anuncia colapsos inevitables.
El rápido plan de choque entre sindicatos y gobiernos, tras la reciente huelga ferroviaria, con una apuesta de 3.650 nuevos empleos y con subida en inversiones hasta 2030, apostando por refuerzo de plantillas en Renfe y Adif, debe ser un punto de partida. Tendencia que debe ser mantenida en el tiempo, debiendo resolverse la contradicción en determinadas fuerzas políticas que prometen bajada radical de impuestos, a la vez que reclaman seguridad y más servicios.
El 'chocolomo' es matemáticamente imposible. Aumentan las frecuencias, los trenes y los usuarios mientras la liberación del ferrocarril conlleva que compañías como Ouigo e Iryo entren en la dialéctica de bajar costes a base de reducir el pago del canon a Adif, apoyados en su demanda por PP y Vox, partidarios de la liberación sin límites, a la vez que se exigen más seguridad y bajada de impuestos. El ministro de Transporte tiene corte por delante porque debe resolver el colapso de las cercanías en Cataluña y Madrid; muy propicias para la demagogia.
Por otro lado, resolver el descarrile metafórico del oeste peninsular. Prácticamente finalizado el Corredor del Mediterraneo, toca faenar en el Corredor del Atlántico, incorporando la reapertura del Ruta de la Plata al mismo. Una alternativa al nodo de Madrid, insostenible cuello de botella e indefendible desde el punto de vista de la seguridad en Europa.
Si se contempla desde la Comisión Europea la reapertura del tren de Canfranc en los presupuestos de 2028-2034, nuestros representantes políticos en Extremadura y Castilla y León. ¿A qué esperan con su silencio cómplice? Falta el fusible de la puesta en marcha de la línea Plasencia-Salamanca para el 2035. El error histórico de su cierre debe revertirse. Más infraestructuras para el oeste peninsular y menos llantos de plañideras por la financiación territorial.
miércoles, 21 de enero de 2026
Plasencia en el colapso
En la ciudad de la bruma y de la atmósfera quieta, muda y sorda, Fernando Pizarro ha resumido 15 años de gestión en el Ayuntamiento de Plasencia en una frase: “Hemos hecho un milagro”. Sigo leyendo en voz alta el periódico y mi amigo Ángel, arruinando una utopía del mayo del 68, me dice: “De tanto ver baldosas rotas y abiertas en el pavimento de Plasencia, uno llega a desechar la idea de que debajo de ellas, existan playas”.
Cuando la realidad no puede explicarse, los huérfanos de razones acuden a la mística etérea de los milagros, evitando la palabra colapso. En las mismas afirmaciones recientes del alcalde, justificaba el condicionamiento de su política a una deuda “heredada” por sentencias judiciales como la de las Huertas de las Isla. Podríamos recordarle un innumerable número de sentencias perdidas por su Gobierno, teniendo que responder con nuestro dinero público. Sentencias de hace unos días como la que nos obliga a pagar 230.000 euros por dos policías municipales, sería argumento suficiente para que hubiera habido dimisiones y asunción de responsabilidades.
Que la justificación del alcalde sea no disponer de medios y recursos humanos cuando la primera decisión en su último mandato fue la liberación de siete ediles de su partido con subidas salariales del 20%, con un coste anual cercano a los 400.000 euros, se contrapone a la hora de justificar la losa de la sentencia de las Huertas de La Isla como condicionante. No seré yo quien niegue las dificultades en estos años, también con la crisis mundial de 2011, o la inflación disparada.
Incluso la pandemia que el alcalde aprovechó para lanzar su campaña a la Presidencia de la Junta de Extremadura, escenificando caceroladas o caravanas de coches por demandas oportunistas sectoriales que nada tenían que ver con el Gobierno de una ciudad. Tampoco podrá negar haberse beneficiado de un incremento espectacular de la economía de nuestro país en los últimos años, redundando en mejoras del mercado de trabajo o en un aumento de la población, que en Plasencia se elevan, tímidamente, por un aumento exponencial de personas mayores.
Si han hecho un milagro por reducir un 40% la deuda en Plasencia, cabe preguntarse si nos quedan otros 15 años, de milagros, de calles sin luz, de escaleras mecánicas arruinadas, de autobuses urbanos averiados… para pagar la deuda restante.
La lectura real es que Plasencia lleva tiempo colapsada. Da la sensación de una ciudad pedaleando sobre una bicicleta estática para terminar viendo el horizonte, cada día, un poco más lejos. La realidad actual es que la deuda per cápita de los placentinos ha pasado de 562 a 559 euros a lo largo de los sucesivos gobiernos de Fernando Pizarro. El fracaso inapelable en la gestión de los fondos europeos con respecto a las obras referenciales de la ciudad -residencia de mayores, parking y Ronda del Salvador…- queda constatado por las declaraciones de PYMECON, por la pérdida de cuatro millones de euros, “poniendo en juego el futuro de una ciudad”, manifestando “la parálisis y su franca decadencia”.
Tras cuatro mayorías absolutas, en las que no ha sufrido cortapisa alguna por la oposición, el alcalde de Plasencia, también, afirma: “Hoy, Plasencia está mucho mejor que hace 15 años” y con toda la razón recuerda que su gestión económica está avalada “cuatro veces consecutivas por las urnas”; eso sí, con una abrumadora abstención. Como diría Feijóo a Mazón, lo importante es el relato: “Lleva la iniciativa de la comunicación… Es la clave”.
Pero el relato veraz son los resultados. No, señor alcalde, no estamos mejor que hace 15 años porque por entonces gozábamos de mayor población activa, había más alumnado en nuestros colegios, el número de empresas era más elevado y el papel de Plasencia en la Junta de Extremadura o en la Diputación de Cáceres no era testimonial como ahora.
A comienzos de la década de 2010, estaba proyectada y presupuestada, en la finca de Fuentidueña, la ubicación de la estación de la alta velocidad, pero la confluencia de su partido -Rajoy-Monago-Pizarro- nos dio gato por liebre a todo el Norte de Extremadura. Próximo el cierre de Monfragüe, una vez finalizada la electrificación Plasencia-Talayuela, aún no sabemos cuál será la ubicación de la citada estación, retrasando el futuro y la conectividad de nuestra ciudad. Tras este error estratégico, el devenir fue la inacción, la falta de proyecto de ciudad y la mimetización por el postureo como modelo de supervivencia política. Más que sonar a milagro es la constatación del fracaso de una forma populista de hacer política.
La dimensión del colapso se verá tras el potspizarrismo, una vez que anuncia por algún motivo, que es su última legislatura. Las costuras de la ciudad se están abriendo y cada día que pasa todos somos más cómplices de su final.
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