domingo, 19 de febrero de 2023

Estrategia férrea, Plasencia-Salamanca

 


De nuevo, un artículo para la provocación y el urgente debate sobre la necesaria construcción de la vía férrea Plasencia-Salamanca. 

Evidentemente me faltan argumentos técnicos, pero a mí y a la ciudadanía nos sobran argumentos sociales, económicos y de sostenibilidad para exigir a las administraciones públicas y gobiernos un paso adelante sin tibiezas. En un contexto de fondos europeos expansivos, dirigidos a un cambio de modelo productivo, la línea Plasencia-Salamanca es una opción estratégica.

En un contexto de elecciones generales deben posicionar a los diferentes partidos políticos en una apuesta sustantiva para Extremadura. Sin doblegarse a las políticas centralistas o a la de los nacionalismos. ¡Ahora o nunca!

El cierre del Ruta de Plata hace cuarenta y un años fue un error para Extremadura y el oeste peninsular. Podemos repetirlo si no se incluye en la Red Básica Europea una nueva plataforma ferroviaria Plasencia-Salamanca con un coste de novecientos millones de euros, con aportación financiera si se incluye en esta red. Si permanecemos en la Red Global nos iríamos al 2050 para su posible realización. ¡Todos calvos! La voluntad política del gobierno español, la insistencia del gobierno extremeño y la necesaria persistencia del empresariado, cámaras de comercio y ciudadanía del Corredor Oeste es vital. La mejor política contra la despoblación de la España vaciada es ocupar un espacio sustantivo dentro del Corredor Atlántico.

Para este objetivo, se necesita eliminar el cuello de botella de Madrid. Extremadura no debe  caer en el error de esperar a la conclusión de la Alta Velocidad, Lisboa-Madrid y conexión a Puertollano. Su conclusión aproximada en 2030 deberá de haber contemplado la anticipación de Plasencia-Salamanca para que al menos en el marco presupuestario europeo 2027-2033, tenga operatividad financiera.

La U.E. pretende una Red Básica para todos los países, asegurando autosuficiencia y competitividad para eliminar las tensiones que vivimos procedentes de Asía y EE.UU.  Un corredor que sería central en el transporte gasificado desde Huelva y Sines al centro de Europa y que como producto peligroso no puede pasar por la capital de España. El Comisionado del Corredor Atlántico proyecta la creación de un millón de empleos, implementando el PIB de los países en un 2%.

La normalización del transporte en un Corredor del Oeste que contemplara la apertura de Plasencia-Salamanca, implicaría convoyes de 750 metros, capaz de transportar más de 150 camiones, repercutiendo en un menor costes de mantenimiento de carreteras, utilizando la electricidad que generamos, logrando descarbonizar más de cinco millones de toneladas. Solo son 120 kilómetros y las dificultades técnicas son escasas; tan solo en la zona de Sierra de Béjar, porque de Plasencia a Hervás y de Béjar a Salamanca son zonas llanas.  Según Germán Barrios, asesor de la Red Transnacional Atlántica, sería necesario un túnel en Peñacaballera y ocho viaductos, de los cuales el salto del río Jerte es el más largo, mientras que el resto serían de menos de cien metros. La Vía Verde es compatible con esta nueva plataforma y no puede convertirse en un argumento en su contra. Cualquier justificación para su retraso aumentará el desequilibrio Oeste-Este. El Corredor Mediterráneo lleva la delantera y puede incidir en consolidar una España disfuncional con un oeste parapléjico por falta de infraestructuras.

No hay excusas para no hacer una apuesta decidida por la reapertura de este trayecto, generando en el oeste ibérico una implementación de industria y transporte de mercancías desde Algeciras, con doce mil contenedores diarios hasta los Países Bálticos, añadiendo el transporte procedente de Sines, con datos equiparables.

Madrid no puede seguir siendo un cuello de botella para conectar terminales ferroviarias con puertos. Tampoco puede seguir condicionando el crecimiento del oeste peninsular, máxime cuando hay una apuesta europea por la transición digital, la conectividad, la descarbonización, reduciendo costes logísticos hasta en un 20% y vertebrando territorios, hasta ahora, olvidados. Por Madrid circulan 1385 cercanías al día, con una movilidad diaria de  un millón de personas, priorizando, lógicamente, el transporte de viajeros. Los 120 kilómetros de los que hablamos, significarían el bya pass por Madrid, que racionalizaría el transporte de mercancías norte-sur, mejorando la vertebración de nuestro territorio, impulsando un ecosistema industrial e implementando su cadena de valor. Una urgente palanca económica para el oeste peninsular. ¡Hay que definirse, sin tibiezas!

sábado, 28 de enero de 2023

Relato de malos días



Hace unos días que vengo observando que me desaparecen cosas del interior de mi coche. Lo achaco a mi despiste personal. Suelo perder llaves que encuentro pasado un tiempo, extraviar un libro que aparece en casa de algún amigo... Hasta que hace unos días, al ir a abrir el vehículo, observo que se ha cerrado automáticamente con las llaves dentro. Busco el otro juego de llaves y no aparecen por ninguna parte. Tengo que abrirlo porque tengo unos documentos en su interior y urge su gestión en el día.

Opto por llamar a la grúa para ver si pueden abrir el coche. No hay manera. -¿Rompemos el cristal? -¡Hombre, siempre tendremos tiempo! Asumo disciplinadamente el reto. Traslado a un taller al que no se le resiste una puerta. Nada. ¡Rompemos el cristal! En ese momento, recibo una llamada telefónica: -A mamá, le ha explotado la olla en la cocina pero a ella no le ha pasado nada. Me dirijo a casa de mi madre a toda velocidad, mientras anticipo el destrozo producido. Abro la puerta y mi madre está tranquila. Entro en la cocina y asisto a la visión dantesca de toda una garbanzada expandida por las paredes y por el mueble cocina. La campana ha volado, la tapa doblada como un libro, acelgas aquí, zanahorias allá... Un estallido universal de restos culinarios que avisan de lo que podría haber sido. Hay solución. Llamada al seguro, nueva vitrocerámica, limpieza y pintura...

El día ha pasado, pero sigo conmocionado por el aviso a primera hora de la mañana de la muerte del hijo de un querido amigo mío. Me acerco a su dolor y comparto su ira. Me duermo pensando en cómo el azar o la mala suerte va repartiendo la pena y el llanto. 

Creo en sueños que alguien llama a la puerta. Vuelvo a oír un timbre y no es un sueño. Son las tres de la mañana y me apresuro. Algo ha pasado. Al abrir la puerta, veo a dos policías locales que me preguntan por mi hijo y me acuerdo de mi amigo. ¡Me acelero, emocionalmente! Cuando todo se aclara, me dicen que me han robado el coche y que la Guardia Civil lo tiene localizado en Malpartida. Las llaves han aparecido en el encendido del vehículo, junto a otras llaves de mi casa y el garaje. Al parecer tres muchachos al salir de una discoteca llevaban la rueda derecha pinchada, han encendido las luces intermitentes y la benemérita, que lo ha observado, ha salido tras el coche. Debieron asustarse, saliendo a la cuneta y huyendo campo a través.

Me traslado a Malpartida e imagino que me encontraré un coche estampado. Suerte. Tan solo un reventón de la rueda. Dos guardias civiles, que han recuperado el automóvil, muy empáticamente me explican el suceso. Llamamos a la misma grúa del día anterior. 

La noche es muy fría y nos cubre la niebla. Larga charla con los agentes hasta que hacemos el traslado. ¡Qué buena gente! Hablamos de todo; de su discriminación salarial, de Pablo Iglesias, de los déficits del norte extremeño en casi todo... ¡Me alegro de tener estos servicios públicos! Más tarde, a las siete de la mañana, denuncia en la policía nacional y se repite la sensación de amparo.

Amanece y uno tiene la sensación de haber recuperado el control. Tan solo tengo que reparar el coche, llamar al seguro, cambiar los bombines de las cerraduras, arreglar el cristal de la ventanilla, hacer una ampliación de denuncia...

Me sigo acordando de mi amigo y de su inevitable soledad. El dolor ajeno nos enseña a relativizar y a humanizarnos.

Caigo rendido en la cama. Al día siguiente tengo una reunión sindical en Mérida. Salgo con la intención de ir despacio por las curvas del Tajo para retomar la normalidad.  Una llamada cuando estoy en marcha y milagrosamente contesto. Una voz amiga me informa que mi madre se ha caído y está sola en casa. Doy media vuelta y cuando llego a casa de mi madre me encuentro decenas de curiosos, dos camiones de bomberos, una furgoneta de la policía nacional y una ambulancia del 112. Han entrado por una ventana y comienzo a creer que Murphi existe como personaje malévolo. Todo es manifiestamente empeorable. Directos a la residencia; operación y una nueva Odisea. En Plasencia no hay una sola cama sociosanitaria y la trabajadora social me ofrece una en Trujillo. Los Servicios Públicos se sostienen gracias a sus trabajadores y trabajadoras. Se notan los años de austericidio y recortes. Mi agradecimiento a todos ellos. 

Pero sigo pensando en mi amigo. Un abrazo sostenido nos ha reconfortado. Nos susurramos a los oídos palabras reparadoras, sinceras y de la misma forma que muchas veces reímos, hoy lloramos juntos su irreparable perdida. El dolor del otro siempre humaniza.     

domingo, 8 de enero de 2023

Otra Plasencia es posible



Decía mi padre que “Predicar en desierto era un sermón perdido”, pero Plasencia y el Norte de Extremadura no es un desierto, y habrá que ser persistentes para ser oídos. Los que debían de haber sido impulsores, críticos o innovadores  se han convertido en vendedores patéticos de humo o caciques del voto cautivo. Un colectivo de personas en torno a Manifiesto X Plasencia ha salido a la palestra pública y será un contrapeso a la mercadotecnia política instalada en la ciudad. 

No pretendo ser aspirante a oráculo de verdades absolutas pero hay realidades que hacen bramar. Decía el recordado Manuel Vázquez Montalbán: “No hay verdades únicas, ni luchas finales, pero aún es posible orientarnos mediante las verdades posibles contra las no verdades evidentes y luchar contra ellas”. Pues desde MxP, hablaremos de verdades posibles, de evidencias y de lucha. 

A Plasencia hay que darle una medio vuelta de ciento ochenta grados. Y no voy a hablar de la autovía a Monfortiño, ni de la estación de alta velocidad, ni de la plataforma logística, ni de la Avda. Martín Palomino; que es el nombre de un procurador en las cortes franquistas. ¿Qué tal si la llamamos Avda. Inés de Suárez?. Por qué no empezar a hablar del Puente que cruce el río Jerte desde la N-110, a la altura del Espartal en la carretera del Valle con vía de conexión a la A-66. Salida necesaria para toda la población del Valle del Jerte y descongestión del puente Adolfo Suárez. 

Que la figura del Personero del Común figure en nuestro Estatuto de Autonomía, dotada de autonomía orgánica, funcional y presupuestaria en el artículo 48, que su ubicación esté fijada en Plasencia y que ni esté creada, ni dotada, ni ubicada en nuestra ciudad no puede confundirse con que su reclamación sea una petición a los Reyes de Oriente. 

Que tengamos un Palacio de Congresos, sin congresos, nos llevará a la reflexión lógica de la necesidad de crear una Oficina de Ferias y Congresos, con una agenda ferial, con recursos humanos y técnicos que multipliquen una inversión inicial necesaria, no excesivamente costosa para sus réditos en todo el Norte de Extremadura.  ¿Pero es que nadie se da cuenta de que Plasencia es una encrucijada de caminos entre Madrid y Lisboa? Puede que se quiera obviar, interesadamente. 

Que el Hospital de Plasencia, como referente en todo el Norte de Extremadura, tras la crisis de 2012 y todas sus medidas austericidas de recortes sanitarios y tras un Covid devastador, necesite una reorganización para dotarle de nuevos servicios y plantilla; nuevas especialidades, docencia para un numero superior de MIR, Unidad de Cuidados Intensivos y Reanimación, Hospital de Día, Administración y Gestión, aumento de camas hospitalarias, construcción de nuevos aparcamientos, debe entenderse como haber aprendido algo del pasado reciente.  

Que sea necesaria una mayor especialización del Sector de Hostelería, Restauración y Turismo y que podamos ser referencia en la formación profesional en este sector con un Centro Integrado en el IES Santa Barbara y una oferta formativa para estudiantes, trabajadores ocupados y desempleados, será señal de cualificación y especialización en un sector, aunque para una mayor diversificación productiva necesitemos la apertura de una delegación de Avante como dinamizador de un tejido productivo plural y más industrializado en Plasencia y Comarcas. 

Para trabajar por otra Plasencia posible, el 11 de enero, en Las Claras, a través de Manifiesto X Plasencia, gente de la calle con experiencia, una treintena de empresarios, comerciantes, profesores de la enseñanza y de la Universidad, trabajadores de la administración pública y del sector sanitario, expertos en sostenibilidad o deportes..., seguiremos avanzando en la concreción de medidas vitales para recuperar Plasencia. Propuestas que no hemos oído reclamar nunca a un Ayuntamiento sin rumbo. Y mira que ha tenido tiempo. Otra Plasencia es posible.

sábado, 5 de noviembre de 2022

¡España puede ser!



Con el grito de “Viva las caenas”, se puso fin al trienio liberal de Riego y a renglón seguido el obispo de Jaén, celebró un Te Deum por la captura del capitán general. Vuelta al absolutismo y otro paso atrás en la modernización de las instituciones en España y ya solo es un nombre que se usa como la alfombra para ocultar privilegios. Riego ha sido ahorcado, y fusilado luego Torrijos. En la pintura de Antonio Gisbert, asido de la mano por el venerable Fernández Golfín; uno de los extremeños de aquella Constitución, se intuye la dignidad de un hombre progresista que murió gritando, ¡Viva La libertad!

Aquellas ideas del extremeño Muñoz Torrero en las Cortes de Cádiz de 1812, arengando sobre el fin de la Santa Inquisición, el principio de la sociedad civil, la justicia y la libertad de prensa, afirmando que la soberanía residía en las Cortes y en la división de los tres poderes, daban el portazo al absolutismo monárquico en la Constitución de “La Pepa”. Otro extremeño ilustre como Antonio Oliveros afirmaba que la censura de la imprenta era contraria a la propagación de las luces. El siglo XIX nos trajo uno de los más violentos de su historia: guerras de sucesión, golpes de estado, intentonas, sublevaciones, asonadas, rebeliones cantonales… Privilegios de la nobleza o de la iglesia disfrazados de valores. ¡Por Dios, por la Patria y el Rey!

Era la pulsión de España, también la de ahora, la España de los mitos, creencias atávicas y privilegios de una nobleza rancia, contra aquella otra liberal, moderna e ilustrada. Son las dos Españas de las que hablaba Machado: “Ya hay un español que quiere vivir a vivir empieza. Entre una España que muere y otra España que bosteza”. La España de la prosa que trabaja y revienta, la otra España; la de la lírica de las banderas y la épica de las batallas y las pistolas.

España es una anomalía; pensadores y poetas sin ejército, y batallones de ignorantes sacralizando el despotismo. A una revolución liberal, le sigue una absolutista y vuelta a empezar. Tiempos de desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, de las denominadas manos muertas que financiaron más guerras entre isabelinos y carlistas. Tiempos de monarquías de reyes felones o liberales aunque corruptas. De moderados y progresistas, de militares como Narváez y Espartero. De bienios progresitas decepcionantes que no arriesgan en las respuestas sociales. Tiempos de organizaciones obreras reprimidas y prohibidas. Retorica revolucionaria pero sin revolución social. Siempre la Iglesia y la Nobleza de por medio. Tiempos de cambios constitucionales en un juego de trileros para que nada cambie.

Un sexenio democrático –1868-1874– sin Borbones, como paso intermedio a la I República; la de la abolición de la muerte, la del proyecto de Constitución federal de la República Española fracasada que nos devuelve a los Borbones y así otra vez a la anomalía de España. Y comienza el periodo de la Restauración, pomposo título de nefasto resultado. Vuelta a la oligarquía y cacicato, al turnismo de partidos funcionariales, al centralismo de Madrid, al poder de la Santa Madre Iglesia. Mientras, las ideas de la Revolución Francesa y el pragmatismo de la Revolución Industrial pasaban de largo.

Perdida de las colonias, la generación del 98 como síntoma de la decadencia en España, dos huevos duros más con el Desastre de Annual y Alfonso XIII dedicado a la producción de películas porno y una ocasión perdida con la II República: reforma agraria, leyes laborales, educación igualitaria y estado laico. Fue como un sueño imposible, mucho más de lo que un país de caciques, aunque santurrón y mojigato estaba dispuesto a asumir. Militares y salvapatrias que nos adentran en la noche de los tiempos, pasando por Franco, Tejero y leyes mordazas.

Cuarenta y siete años después, arrastrando el lastre de fuerzas vivas de la corrupción, una derecha montaraz, beatos reaccionarios, caníbales de la memoria, brazos armados de la sin razón, palmeros incultos o pagados, ¡España quiere ser! Desde aquel “Viva las cadenas”, no nos cansamos de arañar unos metros de modernidad y justicia, poco a poco, a pesar de una banda organizada de “constitucionalistas” que la profanan, golpistas mediáticos, propagadores del silencio, gamberros institucionales… Como Gil de Biedma decía: “A menudo he pensado en esos hombres, a menudo he pensado en la pobreza de este país de todos los demonios. Y a menudo he pensado en otra historia distinta y menos triste; en otra España, en donde ya no cuenten los demonios. Pido que España expulse a esos demonios”. ¡España puede ser!

sábado, 29 de octubre de 2022

Plasencia: Año 2042



El alcalde “irreductible” sigue gobernando la ciudad de los silencios. En su dilatada vida política ha conseguido el pleno empleo en nuestra ciudad. El slogan que utilizó cuando se presentó como candidato por primera vez a la alcaldía, recuerdo que era “Por el empleo”, se ha hecho realidad. No hay nada mejor que insistir y persistir. Su partido originario desapareció como marca por lo que todos, presuntamente, sabíamos. Él, nunca necesitó nada de un partido que le ninguneó en su momento, de manera artera. De nuevo, vuelve a presentar su candidatura en la lista de Plasencia por la “Canchalera”, partido de carácter local creado a su imagen y semejanza.

Con tan solo sesenta y siete años, es el más joven de los candidatos y todo hace pensar que la suerte le viene de cara, teniendo una carrera política prometedora por delante. El candidato de la oposición que contaba con amplias simpatías se ha visto obligado a trasladarse a Madrid, para cuidar a sus nietos. ¡Una putada! El “irreductible”, en su programa electoral, mantiene una imagen icónica y conceptual de las elecciones de 2015, con una fotografía que resume su estilo; un hombre de espaldas, con un fondo difuminado e inconcluso, con enfoque selectivo sobre su mano providencial que conduce como guía redentor a la ciudadanía.

Somos una ciudad con apenas veinte mil habitantes; de los cuales hay unos quince mil pensionistas. Plasencia, al fin, ha sido elegida como la ciudad más amigable con las personas mayores y todos sus barrios han sido declarados espacios libres de humo. Su población es homogénea por su edad y la localidad es un marco idílico para aquellos que disfrutamos de nuestra vejez, aunque la conversación recurrente sea hablar de nuestros hijos que marcharon fuera. Tan solo, el colectivo sanitario, administrativo, de transporte, hostelería y ocio representa a la población activa de la ciudad. Las escuelas, antes dispersas por la localidad, han centralizado sus servicios en la última escuela que se construyó en el paraje de Las Huertas, en el corazón de la Isla. En ese marco ideal, conviven niños y mayores en un ejemplo de compromiso intergeneracional, aunque a determinada edad la chavalería se ve obligada a salir para continuar estudios y buscarse la vida.

Los problemas de coches han desaparecido, todas las calles han sido peatonalizadas y la adaptación del equipamiento urbano e infraestructuras están adaptadas a la edad avanzada. Menos mal que a Elia se le ocurrió comenzar a poner escaleras mecánicas. En el parque de la Coronación y en la Isla siempre hay paisanos jugando a la petanca, que organizan campeonatos autonómicos. En el Hospital de “Virgen del Puerto” se encuentra una unidad geriátrica de referencia y es la envidia de todo el país y se puede decir que somos una población muy bien cuidada gracias al Estado de Bienestar. Uno de los carteles publicitarios de acceso a la localidad reza con una frase, también muy conceptual que me anima: ¡Plasencia, con final feliz!

A mí, me pilla un poco mayor con ochenta y siete años, porque creo que es el momento para provocar un giro a la política local. Porque aunque la verdad es que Plasencia es un paraíso a la vera del Jerte, plena de cigüeñas y nidos, hay que aprovechar que la Junta de Extremadura hace algunos guiños a Plasencia; porque entre tanto territorio Zepa y espacios protegidos, necesitan los metros cuadrados de nuestro polígono industrial que hace muchos años está cerrado. Recuerden que somos una ciudad sin ruidos, sin humo y sin prisas.

Pues sí, aunque parezca mentira, ahora, están dispuestos a descentralizar servicios autonómicos y centrales, remodelando la Casa del Deán donde podremos dar servicios como capital del norte que dicen que siempre hemos sido. Por otro lado, la construcción del boulevard de Martín Palomino entraría en ese paquete, que junto con la definitiva licitación de la autovía Moraleja- Monfortiño, dándonos salida turística a Portugal para nuestros mayores, presenta una apuesta decidida por una Plasencia con Vida. Además, las visitas organizadas a “Las Edades de Plasencia” para el IMSERSO es una oportunidad para la hostelería placentina, aunque me duele que su centro haya sido invadido por las terrazas.

Por otro lado, el AVE va como un tiro y se están terminando las obras de la estación en Fuentidueñas porque el alcalde, finalmente, se ha dado cuenta que la alta velocidad no puede llegar hasta su despacho. Este es su punto débil, aún más manifiesto, porque se empeña en seguir licitando la cafetería de la estación de siempre por una cantidad que para sí la hubiese querido en su momento la Casa del Deán. Mis amigos y yo seguimos siendo los Pepitos Grillos de nuestro pueblo. Uno de ellos me dice: “Luego no nos extrañemos de que seamos de los pocos que no tiene dedicada una calle en Plasencia…”

¡Coño, menudo sueño distópico que he tenido! Ya me veía en una silla de ruedas, aunque todo llegará en el mejor o en el peor de los casos. Alguno o alguna me acusará de edadista, como si pudiésemos tener control sobre nuestros sueños y miedos. Lo peor de todo es que ni en la realidad ni en el sueño, aparecen nuestros hijos a nuestro lado, aunque eso sí, hemos conseguido una ciudad con pleno empleo. Y no se me enfaden los múltiples aludidos por la provocación y pónganse a la tarea. No hay nada personal.


lunes, 24 de octubre de 2022

Thatcher, Feijóo y Guardiola


A la extinta Liz Truss le tendremos que agradecer la ejemplificación de lo que supone bajar los impuestos. La matraca de los supuestos beneficios de dicha bajada no es la pócima mágica que todo lo puede, sino la cantinela de un modelo antiguo, tan antiguo como el neoliberalismo; hacedor de injusticia y desigualdad social. En contraposición, desde el minuto uno de la crisis del Covid, se entendió que otra respuesta austericida sería nefasta para una salida de la mayoría. Han sido los servicios públicos y las políticas sociales quienes han posibilitado una hoja de ruta más racional y justa.

En definitiva, son los dos modelos que están en pugna en el mundo; el primero ahora mutando a populismos redentores que nos llevan a un suicida “sálvese quien pueda” y el segundo hacia un contrato social, facilitando el compromiso de todos en función de nuestras capacidades y posibles. El “chocolomo” thatcheriano, que inició su desregularización económica y social en los ochenta, desembarcó recientemente con su delirio imperial del Brexit y ahora nos ha ofrecido una segunda versión de la “Dama de Hierro”, que ha durado cuarenta y cinco días, produciendo el pánico en los mercados, demostrándose que soplar y sorber es imposible al mismo tiempo.

En su delicado manejo internacional, Feijóo, ese contable con rictu de mercader avariento, al que solo le faltan unos manguitos a juego con su semblante gris, viaja a Bruselas, siguiendo la estela del fracasado Pablo Casado para hablar con Von der Leyer para poner otra piedra en el camino de los fondos europeos y hacer las cuentas de la catástrofe que supone la excepcionalidad ibérica, en el mismo día que la UE estudia la extensión de esta medida al resto de Europa. Su falta de acierto y de tino solo se entiende desde la mala fe o porque no sabe inglés y no se entera.

Sinceramente, el efecto Feijóo, y su pertinaz ofuscación con defender los intereses de una minoría me resulta incomprensible para alguien que aspira a gobernar, aunque bien es verdad que solo engaña a quien se deja.

Feijóo debería explicarnos a los españoles cómo una persona con Covid hubiese podido pagar cinco mil euros por la atención en la sanidad pública, trece mil si hubiese estado en la UVI, o los noventa mil euros por un trasplante de corazón, por poner ejemplos en el campo de la sanidad. Porque el ciudadano, en gran parte aquellos que dependemos de un subsidio, de un salario, del ingreso de un autónomo o de una pensión, deberemos optar por uno de los dos modelos que la crisis y la inflación está poniendo en evidencia: o ponemos en peligro todos los servicios públicos rechazando el relato impositivo, como pasó en Inglaterra, o financiarlos a través de impuestos con criterios de progresividad y dependiendo de nuestras rentas.

Se entiende que el presidente de la CEOE, al igual que Feijóo y la troupe del PP, diga que hablar de ricos y pobres es incidir en la radicalidad de los segundos; se entiende que el Sr. Garamendi, patrón de patrones, al igual que el gobernador del Banco de España, nombrado por el Sr. Rajoy, repita obsesivamente que es necesario un pacto de rentas donde se revisen las pensiones y los salarios a los empleados públicos, mientras alzan las voces en tertulias y diarios contra la contribución de los beneficios extraordinarios de energéticas y bancos.

Y es que son obscenamente groseros, cuando olvidan que las empresas del IBEX-35 han ganado cincuenta y ocho mil millones de euros, en el 2021, un ochenta y tres por ciento más que antes de la pandemia; las empresas constructoras con sus dieciocho mil millones de euros, más de veinte mil millones para las empresas financieras o más de diez mil para las energéticas. Pues claro que los pensionistas y trabajadores en general nos comprometeríamos a un pacto de renta, siempre y cuando ellos asumieran una reforma fiscal progresiva, pero eso es harina de otro costal y sería una provocación radical de los pobres.

En la misma línea de repetición del mantra impositivo, el relato de María Guardiola, la aspirante a la Presidencia de Extremadura, nos quiere salvar con una revolución fiscal, perdonando a las familias ricas en Extremadura un impuesto que no pasa de un total de seis millones, para evitar que los ricos se vayan a Portugal, como si los absentistas no se hubiesen ido toda la vida a Madrid; que para eso el Sr. Cánovas del Castillo acometió la distribución de papeles de los distintos territorios en España, asignando a Extremadura el mismo papel que el PP sueña para ella. O repitiendo la pócima mágica de bajar el IRPF; a la misma vez que su partido está a favor de la contención salarial en los convenios, se ha negado y se niega a subir el SMI y nos quiere devolver a más de doscientos mil pensionistas extremeños y extremeñas a ese factor de sostenibilidad de pensiones, cuando tenemos las pensiones más bajas de España, por el que esta parte de la población perdería una renta anual de quinientos millones de euros, triplicándose esta cantidad en el 2023. El problema de Guardiola, es igual o parecido al que tiene Feijóo, que la primera no atina con el enchufe y el segundo no acierta con el inglés.

  • El PP, fotocopiando a Thatcher: https://canchales.blogspot.com/2013/02/el-pp-fotocopiando-thatcher.html

jueves, 20 de octubre de 2022

Antes de Modelo 77

 


Este artículo no va de cine. Antes de que la COPEL, la Coordinadora de Presos en Lucha, iniciara sus revueltas en las cárceles de España, estas guardaban cientos de historias dramáticas que creo necesario recordar. Alguien dijo que sus muros no eran altos para evitar que nadie se escapara; eran así para que los de fuera no viésemos lo que pasaba dentro. Los motines que se sucedieron en 1977 por los presos comunes proyectaba a las claras las condiciones de vida en cárceles de aquellos tiempos lúgubres, mimetizados, tal vez, por la lucha en las calles, de una transición que podría haber sido más justa, pero que fue la mejor de las posibles.

Al poco tiempo de quedar clausurada la Cárcel Modelo de Barcelona, tuve la oportunidad de visitarla aprovechando una exposición sobre ella: “La Modelo nos habla: 113 años y 13 historias”. Cuando se construyó este edificio en 1904, Barcelona contaba con quinientos mil habitantes. Tenía una capacidad inicial para 800 reclusos y al finalizar la Guerra Incivil era ocupada por más de doce mil internos.

La muestra ponía su atención en los personajes más representativos que en la dictadura pasaron por sus celdas, aunque sería infinito el número de hombres y mujeres que defendieron la libertad peinando canas entre rejas. Andar por cada uno de sus rincones fue un ejercicio de empatía, situándome en las vidas de aquellos que fueron privados de una vida por defender una idea, por defender unos derechos colectivos o sencillamente porque al nacer en una familia u otra, llevaras escrito que en tu vida tienes muchos boletos para pasar por ella, dependiendo también de donde nazcas.

Sus paredes rezumaban humedad y un olor a desesperación y a vidas rotas. Los últimos internos suplían a sus vigilantes y eran los encargados de conducir la visita, de cerrar y abrir las puertas correderas y de hablarnos de su vida en la cárcel, humanizándonos al conocer sus historias. Una de las galerías, la número cinco, era por donde pasaron políticos, sindicalistas, sacerdotes o maestros durante un siglo. Primero con la monarquía de Alfonso XIII, con la Dictadura de Primo de Rivera, durante la II República o de una manera más prolongada con la Dictadura de Franco, después con la Transición y Democracia. Allí estaban las celdas de personas que forman parte de un tiempo y de nuestra memoria colectiva.

En la 443, pasó sus últimos días Salvador Puig Antinch, que fue ejecutado a garrote vil una mañana de marzo de 1974. Recuerdo que cuando llegamos a la dependencia donde se encontraba situada la paquetería de la cárcel, lugar donde lo mataron, no puede dejar de emocionarme por una vida tan injustamente perdida. En el resto de celdas, aparecían paneles explicativos de las personas que pasaron por ellas: El pedagogo Francesc Ferrer i Guardia, el expresidente de la Generalitat, Lluis Companys.

Nombres de personas anónimas como “La Gilda”; un camarero de 24 años detenido en 1955 por ser homosexual, por ser tiempos de “vagos y maleantes” y de una psiquiatría que consideraba enfermedad el deseo y el amor entre hombres. Por ellas pasó el sindicalista Salvador Seguí, el “Noi del Sucre” que lideró la huelga de la Canadiense durante tres meses largos en Barcelona y que nos regaló la jornada de ocho horas. Curioso, en estos tiempos, que muchos crean que los derechos caen del cielo. Les recomiendo la lectura de Apóstoles y asesinos, de Antonio Soler. Por cierto, muchos de nosotros por cuestión de edad, recordamos cómo escapó de ella el histriónico Albert Boadella perseguido por la “justicia” franquista y luego más tarde ninguneado por el poder de Pujol. Su nombre no figuraba en la exposición.

Cosas de una Generalitat sectaria que nunca aceptó la crítica corrosiva que nos anunciaba a finales de los noventa, en su obra de “Ubú, President”, en qué consistía la patria del “honorable”. “Más os valdría un mal epitafio después de la muerte que los maliciosos epítetos de los comediantes durante nuestra vida…” -Hamlet a Polonio-.

Este artículo no va de crítica de cine, aunque habría cientos de películas por hacer, salidas de estas paredes. Paredes que aprendieron lo que era dolor, lucha, resistencia o dignidad. Valores y actitudes que hay que seguir recordando. Valores que olvidamos con facilidad y son más necesarios que nunca. Lecciones de vida que nos ayuden a forjar un futuro más inclusivo, más democrático, desmaquillando postverdades que edulcoran o revisan la historia.