domingo, 22 de marzo de 2026

Los chamanes de la tribu





Los chamanes de la tribu, son los ventrílocuos de los dioses en las culturas mágicas. Dioses creados que sirven para amortiguar los miedos, establecer jerarquía de valores y reglar la sociedad para evitar el caos. Los chamanes tienen la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva desde los intereses de los dioses inventados por los más listos de la tribu, para dar explicaciones según se antoje.  Tratan de establecer un relato y una lógica causal, pretendiendo tener la capacidad de sanar, trascender con los espíritus de los ancestros y adivinar el futuro según convenga. Mediante procesos mágicos puede interpretar factores climatológicos, como que la desertización es un juego inocente de los dioses.

Me sirve la figura del chamán para establecer un paralelismo con partidos políticos que ha normalizado la mentira y elaboran de forma interesada un relato mágico sobre España. Feijóo y Abascal, siguen la estela de los anteriores jefes del clan. Un clan que sobrepasa la estructura de sus partido como instrumento intermedio para interpretar la voluntad de sus dioses inventados.

El dúo españolista, vuelve a repetir la tradición de chamán, que escucha a los dioses e interpreta las voces que le llegan de sus ancestros; revisados y blanqueados por una historia negacionista hecha a su imagen y semejanza. La tribu está cansada y no busca la racionalización del proceso; tan solo una narración que les de certidumbres y un chamán con múltiples tentáculos se la sirve en bandeja. La psicología lo explica como "sesgos cognitivos"; que ante un pensamiento complejo, tendemos a la simplificación de los sucesos y elegimos respuestas muy desacertadas, pero comprensibles.

Desde que se inició el cambio de siglo, se han producido acontecimientos en España que han ido normalizando un relato mágico y fabulado. El desastre del Prestige y el Yak 42 fueron catástrofes que el chamán de la tribu comenzó a justificar con explicaciones basadas en la mentira. El “Tamayazo” en Madrid o la participación de España en la Guerra de Irak, se justificó bajo la amenaza de que ese país fabricaba bombas de destrucción masiva y el chaman tenía la pócima salvadora para no enfadar a los dioses. Con la Guerra de Irán, vuelven a profundizar en la idea de llevarnos al lado oscuro de la historia, cuando solo se trata de petróleo.

Cuando llegó el acto terrorista del 11-M, y la gran mentira de nuestra democracia tuvo como respuesta colectiva un cambio de gobierno, la tribu celtíbera dejó muy claro que en política no puede valer la mentira como fórmula para mantenerse en el poder. La respuesta fue tajante y la institución de la democracia quedó a salvo, de momento. Eso sí, los grandes clanes del país se pusieron a la tarea, en alianza con sectores involucionistas, cuestionando al patrocinador de aquella masacre, pero la tribu de ETA, a pesar del disgusto de los chamanes de la tribu, había claudicado en 2011.

Vino una crisis del dios del dinero e invocaron nuestra ayuda para salvarlo y así salvarnos a nosotros. Eso, al menos, decían los chamanes de la tribu. Austeridad que demandaban los dioses coléricos, con devaluaciones de nuestras propiedades, salarios y el recorte de todos los servicios públicos. Pero volvieron a ser desalojados. Ahora vuelven, entre misiles más sofisticados, a una nueva devaluación de nuestras vidas, mientras un ataúd es recibido, en un aeropuerto, en la desolación de unos padres sin horizonte.  

Cada vez que los chamanes son expulsados de la tribu, llega un escudo social de razón para que todos sobrevivamos, pero al mismo tiempo, un bucle malsano vuelve a generar todo un artificio de realidades paralelas que vaya calando, como lluvia fina, en una parte considerable de la sociedad; ansiosa por buscar respuestas mágicas, buscando el confort psicológico que resuelva todas las disonancias de la tribu. Es el correctivo de Sísifo, por nuestra necedad. Como la sangre que riega la vena, vuelven a entronizar los chamanes de la tribu. El chamán Aznar lanza, con un rictus serio y trascendente, la misma receta de aquella crisis; la de la austeridad o la más reciente de "el que pueda hacer, que haga". 

La tribu, harta de tanto ruido basado en la rabia y la catástrofe, debe responder a los falsos anuncios apocalípticos de los chamanes. Ruido emocional e histriónico para deslegitimar, cueste lo que cueste, porque hay que calmar a los dioses, una vez más.

Su objetivo es desvalorizar nuestra democracia para avanzar en esa estrategia concertada de deslegitimación de instituciones, tratando de expulsarnos cada día, un poco más, de los espacios públicos, para apropiarse con exclusividad de ellos. ¡Los dioses quieren volvernos locos!

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