viernes, 6 de marzo de 2026

Nunca más un 11-M



Malos tiempos para la equidistancia. Cuatro palabras como opción: ¡No a la guerra! Aprender de la historia y de las experiencias colectivas vividas. Respeto al derecho internacional como principio para defender los derechos humanos.

Hace veintidós años, fruto de una guerra ilegal propiciada por el famoso trío de las Azores, nos devolvió un dramático 11 de marzo; inicio de la ruptura de todos los consensos. A día de hoy, tan solo Aznar no ha pedido perdón por ese ataque.

Aquel trágico suceso, fruto de la unilateralidad y en defensa de intereses espurios, marcó el inicio de una trumpismo sin Trump, tratando de normalizar la violación de la soberanía de los estados, fundamentada en la mentira. Una mentira que vuelve a repetirse con la agresión de EEUU hacia Irán. La guerra y la mentira siempre van unidas y el verbo mentir se hizo carne y habitó entre nosotros. Y la mentira llevó a las elaboradas farsas en un coro afinado de plumillas y políticastros que arrastrados por convertir su deseo en realidad no cesan de mentir.

La “furia épica” consiste en bombardear un colegio de niñas, invadir países para colmar sus compulsivas ansias petrolíferas e insultar a todos aquellos artesanos de la paz, alejados de mamporreros embriagados en sus sueños húmedos. Ellos, en su épica trasnochada, ya estarían plantando los pies sobre una mesa y oliendo a napalm en los desiertos lejanos.

Todo queda reducido a la furia; la de los psicópatas que inventan cuentos para dormirnos o para que no podamos dormir. Torticeros hasta torturar una frase: “estoy cómoda”, por “estoy con Trump”. Vomitiva gentuza que no tuvieron bastante con aquel trágico 11-M. Capataces y esquiroles de un chulo de barrio.

El PP se ha convertido en el partido de la mentira. Mintieron con el suceso del Yak 42 con 75 fallecidos; con una contratación irregular del avión y falsificando la identificación de los muertos, que se cerró sin culpables.  Mintieron un año después, con la muerte de 192 personas y dos mil heridos, en un atentado que nunca olvidaremos. Mintieron una vez más, y desde entonces realizan un viaje sin vuelta atrás. Mentira como clavo ardiente al que asirse, para salvar los muebles, sus nombres y sus haciendas.

Con la mentira del 11-M, rompieron todos los consensos, iniciando una polarización como un recurso de salvamento. La verdad no podía ser un impedimento para mantener el poder. La fabricación de bulos sobre los causantes de la matanza, derivó en una salida del carril democrático. Desde entonces, ya nada ha sido igual y el PP ha transitado por las líneas rojas que le alejan de ser un partido de Estado.

El 14 de marzo de 2004, con la victoria de Zapatero, comenzaron un relato sobre la ilegitimidad de los gobiernos socialistas que aún no han abandonado. Con Pedro Sánchez la historia de Zapatero se repite: confrontación, manipulación, deslegitimación y crear las condiciones para un insufrible ruido que provoque la tensión social necesaria para un cambio de Gobierno.

La placentina Pilar Manjón, madre de uno de los asesinados, significada en la denuncia contra un Gobierno que mintió desde el minuto uno, recibió el desprecio en las palabras de Álvarez Cascos: «cambiamos de Gobierno por esta puta y cuatro mierdas más»; toda una declaración institucional que anunciaba una posición de revancha. Al mismo tiempo, Esperanza Aguirre, al entregarle una ayuda para la Asociación 11M, Afectados del Terrorismo, diciéndole: «esto es mejor que un premio de lotería, porque no paga a Hacienda», mostraba el rencor de los derrotados.

El 11 de marzo comenzó un viaje hacia la sobreactuación, la hipérbole y la manipulación que ha desembocado en un intento de deslegitimación cada vez que ha vuelto a gobernar el PSOE. Un itinerario que comenzó con su fallida “teoría de la conspiración” por la vía de una sentencia jurídica. Una cinta de la Orquesta Mondragón significaba una prueba de la implicación de ETA en el atentado. El Mundo con Pedro J. Ramírez, Jiménez Losanto y la COPE, en alianza con el PP, multiplicaron las dudas junto al que formó parte del “Trio de las Azores”, asumiendo el dogma de que “los terroristas no andaban en desiertos muy remotos ni en montañas muy lejanas”. Y Aznar, se fue de rositas.

Tras la vuelta de las tropas españolas de Irak, vino la Ley de Igualdad, el matrimonio homosexual, el divorcio exprés, o la Ley de Memoria Histórica y ante estos avances sociales, el PP elabora a través del Foro de la Familia toda una suerte de movilizaciones repetidas para luchar contra las plagas y catástrofes que anunciaban el fin de la familia. Ni siquiera la gratificante financiación a la Iglesia Católica a través del Impuesto de la Renta amainó la movilización propiciada desde la misma cadena de radio que auspició la crispación social con sus tremendismos. Luego, el boicot al Estatuto de Cataluña fue otro banderín de enganche para la confrontación.

Cuando nos preguntamos sobre la polarización social en nuestro país, podemos concluir que la derecha solo vio en su momento una estrategia para alcanzar el poder a través de la polarización y la tensión social. No fue suficiente que, en el 2011, la banda terrorista ETA cesara en las armas y la derecha volvió a agitar el fantasma de las cesiones y la venta de la Patria al enemigo.

Perpetuar la mentira como posverdad, dinamitar los consensos sobre instituciones, hablar de libertad para acusar al otro, mientras en un edificio de la calle Génova se destrozaba a martillazos la verdad. ¡Nunca más otro 11 de marzo!


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