viernes, 28 de enero de 2022

Los fondos europeos como botín


No podemos esperar nada de aquellos que perciben los fondos europeos como un botín, como un reparto milimétrico de unas ayudas que primero fueron boicoteadas y ante la evidencia de la ley de la gravedad, ahora, como mal menor, deben ser repartidas según colores y territorios. Por su vehemente incompetencia en la defensa de lo que ellos creen que es su patrimonio, dan la sensación de estar bajo un síndrome de abstinencia de dineros públicos. Cuando el motor de la historia, en España, para un partido muy español, es confrontar territorialmente para obtener mayor “trinque”, podemos concluir que nunca han entendido nada y menos esta oportunidad que volvemos a darnos para dejar de ser el patio de los servicios baratos en Europa, y al oeste español para evitar, si aún es posible, un prolongado vaciamiento de población, servicios y empresas.

Aunque la derecha parece no querer entenderlo, estos fondos no pueden ser destinados a la elegibilidad de gastos por parte del gobierno de turno, ni para sustituir inversiones que les corresponde por presupuestos, ni para mantener redes clientelares, ni para privatizar servicios públicos. Sí, en su morfología postural y verbal expresan cómo se les han erguido las orejas, manifestándose sus ojos como platos. Hagamos todos un esfuerzo, estos fondos deben ser palanca de un nuevo modelo productivo más digitalizado, verde e innovador, con empleo de mejor calidad y para implementar reformas consensuadas tanto en los ámbitos parlamentarios, como en la Concertación Social; algo que no debe olvidar algunos partidos políticos tan poco dados al Diálogo Social.

Los reconocibles cazadores de subvenciones, obvian, las debilidades de nuestro mercado de trabajo: atomización excesiva de nuestro empresariado, cultura deficitaria de la cooperación de la cadena de valor empresarial, desequilibrio territorial de la arquitectura sectorial, bajo nivel de innovación y una elevada precariedad del empleo con todas sus derivas perniciosas hacia las mujeres y jóvenes, pero estas son las debilidades que deben ser resueltas, entre otras. Sí, estoy hablando del mercado de trabajo extremeño, que no es la excepción. Un ejemplo de escenario, como tantos otros, donde los fondos deben servir para aminorar las desigualdades territoriales.

Entiendo, que ahora sí que podemos establecer directrices para la distribución de fondos. Mal haríamos, si cuando tocase pagarlos, nos llamaran a todos, mancomunadamente, siendo los monopolios, lobbies y determinados territorios los únicos beneficiados. Porque ese peligro existe y la resultante no puede ser un mayor desequilibrio territorial del que ahora tenemos. En esto debería estar un partido centrado y no si a Extremadura le ha llegado una cantidad ínfima para proyectos experimentales de empleo. Por cierto, al Sr. Monago no se le ha oído levantar la voz contra la Sra. Ayuso.

El Plan de Resiliencia se vertebra en ejes, palancas y medidas. La colaboración Pública y Privada es más que necesaria, pero es ineludible un sistema de gobernanza donde la administración ponga orden y sosiego. Esto no es un botín a repartir, porque deben ser fondos productivos que aumenten nuestro valor como país y resuelvan desigualdades. 

miércoles, 26 de enero de 2022

La subversión de los necios

 


Tomo café en un bar de Plasencia y me lo sirve un camarero con una mascarilla con la bandera española. Junto al desayuno me está trasfiriendo cómo siente y en qué colores. Yo no la llevo y no sé si cuestionarme mi grado de españolidad, pero también soy español. Cuando salgo fuera de España, me presento como tal, intentando dar la mejor imagen de mi país, sin intimidar con ninguna bandera a nadie. También lo haría de ser polaco.  Me pregunto si el camarero tiene un contrato, si cotiza por las horas reales de trabajo, si su salario es el que marca su convenio…

 Me viene a la memoria la Trilogía Berlinesa de Philip Kerr que leo con adictiva compulsión y que recomiendo. En “Violetas de Marzo”, crónica novelada de la Alemania que llega a sus Olimpiadas de 1936, todo comienza a ser una farsa en una patria ficticia donde proclamarse alemán tiene la intencionalidad, aparentemente oculta, de  excluir al diferente o de no ser excluido. En las tarjetas de presentación de propietarios, ciudadanos o prostitutos con pedigrí, figura un nombre, seguido de la palabra “alemán”. Como si llamarse  Frank Schneider o Ada Müller, en aquel Berlín, necesitasen la redundancia de afirmar tu conocida nacionalidad. Hay que marcar obtensiblemente  la diferencia para justificar “La noche de los cristales rotos”. 

El relato requiere coherencia; primero hay que limitar la identidad propia y luego criminalizar las contrarias con un ruido mediático e institucional ensordecedor, sobre cualquiera que pueda provocarme contradicciones inconvenientes. Ruido, permanente ruido, hasta que en frente no quede nadie por cansancio. Ni oxigeno social posible, ni espacios colectivos, ni voluntad de resistencia, ni instituciones para la defensa de la pluralidad de una nación.

En ese ruido, identifico elecciones autonómicas anticipadas en tiempo de pandemia, jueces caducados tumbando un anteproyecto de vivienda, políticos con terneros en los brazos mientras nos quieren vender vaca hormonada, camada independentista abominando de la nueva reforma laboral mientras dieron sus votos a la de Rajoy, de 2012, centristas descentrados que gritan la palabra  “traidor”, mientras siguen trabajado para el “ingles”, o para la ultraderecha. Ruido, demasiado ruido porque es necesario para todos ellos, ocultar espurios intereses. 

Entre los últimos ruidos destaco la traslación a Extremadura de las mociones que presentará el PP en los Ayuntamientos, solicitando la dimisión del ministro Garzón, por su opinión sobre las macrogranjas. ¿Aquí, en Extremadura? ¿Un territorio que destaca por su ganadería extensiva? Pasará lo mismo que con la recogida de firmas contra los indultos. El otro asunto tiene que ver con Ayuso. Su comunidad es la tercera comunidad que más fondos europeos ha recibido, judicializando un reparto de 9 millones a territorio, entre ellos Extremadura, para realizar programas experimentales de empleo.  A la vez, acusa al Gobierno de beneficiar a comunidades socialistas, mientras Monago acusa al Presidente G.F. Vara de ser “ninguneado” por el Presidente P. Sánchez. ¡Un poco de nivel, please!

En esta subversión de los necios, los hijos de los de entonces, repiten consignas para idiotas como aquellas de “Franco SÍ, Comunismo NO”,  solo que ahora han cambiado al dictador por una vaca. Si creíamos que esto iba a ser fácil, eramos unos ingenuos. Desde aquel “Viva las cadenas”, España no se cansa de rascar unos metros de modernidad y justicia, aunque sea poco a poco, a pesar de una amplia banda organizada de gamberros institucionales y mediáticos.

miércoles, 5 de enero de 2022

Un sacerdote de la catedral, propone a mis padres que yo sea monaguillo a cambio de una pequeña ayuda económica. Mi jornada era diaria y asistía en los recreos de la escuela a ayudar a la misa gregoriana que se ofrecía en la catedral de lunes a viernes.

Desde el altar y frente a un coro enclaustrado por una forja, con más de ochenta seminaristas  y la visión de una sillería en madera tallada, quedo embobado escuchándolos. Entre ellos y yo, no hay de media más de una veintena de feligreses que hacía que yo viva aquello como un auténtico privilegio para mi corta edad. El cura, al acabar el santo oficio, me indica rutinariamente que limpie la copa de vino que deja siempre llena, y yo muy disciplinadamente dejo “limpia”. A mi abuelo, cuando le cuento aquellas escenas siempre le hace gracia. Puede que piense: ¡Este es mi nieto!  

Las dos catedrales de mi pueblo, una románica y la otra gótica, que están juntas, forman otro territorio donde paso muchas horas. La sillería, frente al órgano de la catedral es uno de los lugares más inquietantes. Los relieves tallados sobre la madera de los bancos seguro que quieren decir algo. Desde el claustro común a ambas catedrales subimos por una escalera de caracol hasta el reloj, una de las partes más altas, para darle cuerda. Siempre acompaño a José Juan, el hijo de Vegas, el relojero, para que marque las horas con exactitud. Cerca del reloj, observamos los nidos de cigüeñas que pueblan las catedrales. Desde allí, percibimos un universo amplio de tejas y chimeneas que acaban en el puente Trujillo y en la Dehesa de los Caballos.

José Juan me cuenta historias sobre la leyenda de un judío converso que hizo la sillería del coro de la Catedral. Una de las historias referidas hace alusión a la acusación de la Santa Inquisición sobre Rodrigo Alemán como sátiro y blasfemo por los motivos de relieve en la sillería.

Cuando me hice monaguillo tenía fácil acceso a la sillería y husmeaba con un interés morboso  las mujeres desnudas de las que nos hablaban que encontraríamos. Y sí, me llamaba la atención mujeres lavándose las piernas al aire, un perro lamiéndose sus testículos o una dama poniéndose de rodillas mientras que un soldado la poseía. Otra versión habla del Icaro placentino que mostraba al escultor muy dado a la farra y por esa razón había contraído muchas deudas y debía ser castigado.

Tanto una como la otra versión apuntan que al escultor lo terminaron encerrando en lo alto de la torre de la Catedral. Allí estuvo durante mucho tiempo y lo único que pedía para comer eran aves. También las cazaba él cuando se posaban a su lado, en aquellas alturas. Gracias a las plumas de las mismas, el escultor se fabricó un par de alas y un día pudo salir volando de la Catedral de Plasencia. La historia dice que cayó en la dehesa de los caballos. Nada se supo más de él.      

 

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Plasencia en su laberinto (II)

En comunicación política comienza a ser redundante el uso del "principio de la transposición", que incide en que si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraiga o el "principio de la transfusión", que te aconseja basar tu propaganda en la mitología local sobre afrentas y victimismos arraigados. 

Si toda la oposición del ayuntamiento te acusa de parálisis municipal, poniendo en peligro proyectos que afectan al empleo y a las personas; si eres de esos ayuntamientos con un déficit de 2,5 millones de euros para 2022, no cumples con el objetivo de estabilidad presupuestaria ni con la regla de gasto, tu coeficiente de endeudamiento es de 132%, superior al permitido y eres el ayuntamiento de toda Extremadura que peor paga (109 días), es evidente que Fernando Pizarro necesita un enemigo exterior. 

Así, el alcalde de Plasencia elabora una narrativa acomodada a su anunciada marcha de la alcaldía. Desafortunadamente para Plasencia no hay mucho paño que vender y como la evaluación final será inevitable, nuestro alcalde "irreductible" hace tiempo que decidió culpabilizar a la Junta de Extremadura de todos sus males. 

Activista desaforado con caravanas a favor de la escuela concertada o por la apertura de la hostelería, con "cacerolada" incluida, cuando teníamos las plantas de la UCI al completo, para luego culpabilizar a la Junta de Extremadura sobre los fallecimientos en las residencias de mayores. 

En estos días, la diana ha sido dirigida hacia el Director General de Turismo, Francisco Martín, acusado de "mentir, medrar y manipular en perjuicio de la ciudad". Al parecer, el resultado final de la distribución de 18 millones de euros que Extremadura ha recibido del Plan de Reactivación del Gobierno de España, dirigidos a seis Planes de Sostenibilidad Turística, es el que ha sido "orquestado" contra los intereses de la "muy noble". Las declaraciones extemporáneas de la edil Belinda Martín no dejan lugar a la duda cuando se ven las cantidades asignadas a cada uno de los proyectos: Badajoz (2 M), Mérida (4 M), Cáceres (4 M) y Plasencia con tres millones de euros, más otros dos proyectos en la Comarca de Olivenza y en la de Sierra de Gata y Hurdes, cada uno con dos millones y medio de euros. 

Esta legislatura, que se inició con la llegada del COVID, ha sido la del ruido ensordecedor de un alcalde sin ideas y sin proyectos que utilizó la pandemia para enfrentarse con el Consejero de Sanidad, José Vergeles, llegando a acusarle del deterioro de la economía de Plasencia por plantear un posible cierre perimetral. Acusaciones gruesas sobre discriminación de vacunaciones en Plasencia, falta de material o de recursos humanos. Acusaciones contra Blanca Martín, petición de dimisión como concejala sobre Soraya Cobos y ahora una acusación velada de prevaricación sobre el Director General de Turismo. Tendrá suerte la edil de no acabar en los juzgados por sus afirmaciones. Ha perdido una gran oportunidad de callarse porque deja constancia de su desconocimiento en lo que significa presentar planes que terminan siendo evaluados por el Gobierno de España. Malos políticos y malas políticas cuando proyectamos nuestra culpa sobre los demás.

Mientras siga la política oxidada de un partido ofuscado en su confrontación, creando un imaginario infantil victimista, Plasencia no centrará el tiro de una recuperación que debe pasar por la asunción de una situación financiera que permanece latente pero que nos ahorca. 


      · Plasencia en su laberinto (I)                                                                              https://canchales.blogspot.com/2021/10/plasencia-en-su-laberinto-i.html



 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Pensiones insostenibles



Recuerdo como en los años ochenta, el modelo chileno de capitalización de pensiones era la solución ante la supuesta insostenibilidad de un sistema público de pensiones basado en la solidaridad intergeneracional y la universalidad. Afortunadamente se optó, en su momento, por un sistema como el Pacto de Toledo.   Pasado los años, hemos visto en Chile, cómo el Estado ha tenido que salir al rescate de la privatización de unas pensiones más que esquilmadas. De nuevo, ante los voceros que anuncian el fin de las pensiones para buscar nuevos nichos de negocio, deberemos apuntalar el sistema público de pensiones. La solución está en un modelo basado en nuevos ingresos y no en aquel, derogado, que fijaba nuevos recortes. 

La reciente enmienda a la totalidad del PP a los PPGGEE es un ataque a las pensiones de hoy y de mañana, amenazando en su vuelta al poder con imponer de nuevo el sistema que durante 2014,2015, 2016 y 2017, con una subida al año del 0,25%, y con una inflación acumulada del 3%, provocó que un millón y medio de pensionistas, sufriera riesgo de pobreza. Según la firma Analistas Financieros, en 2035, este índice de revalorización del 0,25% y la puesta en marcha del factor de sostenibilidad, hubiesen provocado una caída de 3% del PIB y la destrucción de 750000 empleos.

Habrá que estar de acuerdo con el Sr. Garamendi, al afirmar que "con las cosas de comer, no se juega", cuando respondía a una pregunta sobre la reforma laboral. Efectivamente, con el modelo de mercado de trabajo y pensiones no se puede mercadear. Porque están íntimamente relacionados y porque la sostenibilidad de las pensiones depende del empleo abundante y de calidad. Por eso, es necesario revertir, modificar o derogar una reforma laboral que ha depreciado los salarios, ha roto el equilibrio en la negociación colectiva y ha fomentado la descausalización de la contratación temporal. Otro modelo laboral es necesario y premisa necesaria para la sostenibilidad de las pensiones públicas. 

Es falso que la mejora de las condiciones laborales destruye empleo. Tras la última subida del SMI, ha crecido en 120000 empleos y casi alcanzamos los veinte millones. Cuando se pretende realizar la transición a otro modelo productivo: digital, ecológico, tecnológico e innovador,... no sirven recetas salariales famélicas y basadas en una carencia de negociación colectiva. 

En el año 2020, los trabajadores/as realizaron 320 millones de horas extraordinarias, un 6,3% más que en 2019. De estas horas, los empleadores pagaron la mitad, dejando de ir a las rentas del trabajo unos 2.500 millones de euros, aminorando un ingreso en la S.S. de más de 750 millones. Así, Sr. Garamendi,  las pensiones, la sanidad o la escuela pública son insostenibles.

Con el Acuerdo de Pensiones pactado, recientemente, se frena una vez más, el enésimo intento del neoliberalismo por dinamitar las pensiones públicas. La nómina de 172.000 millones de euros en pensiones proyectada para 2022, es lo suficientemente golosa como para hacer de lo público un negocio bancario.  

Se retoma la senda del Pacto de Toledo de consenso y diálogo social. Frente a los agoreros, los firmantes vuelven a potenciar con su trabajo, la sostenibilidad y la solidaridad intergeneracional del sistema. Se mantiene el poder adquisitivo de los que estamos dentro y se elimina la incertidumbre, eliminando el factor de sostenibilidad, para las jubilaciones futuras, que es sustituido por el mecanismo de equidad con aumento de las cotizaciones y otras medidas que eviten la espada de Damocles del Sistema Rajoy-2013. 

Que la CEOE haya dado la "espantá" era esperable. Tus pensiones y la mía nunca les importó. A pesar de ello, deberemos seguir potenciando el acuerdo consensuado, evitando los traductores interesados, que profetizan la insostenibilidad.


Otra mirada de las pensiones en Extremadura: 
https://www.diariodeplasencia.es/otra-mirada-de-las-pensiones-en-extremadura/

La Reforma de pensiones en 4 ideas:

1) PENSIONES SUFICIENES: Se deroga la reforma de 2013. Revalorización con IPC + Derogación Factor Sostenibilidad

2) PENSIONES SOSTENIBLES: Aumento de ingresos del sistema. Transferencias del Estado + Cotización ingresos reales Autónomos/as

3) PENSIONES MÁS JUSTAS: Revisión del modelo de Jubilación anticipada. Reducción generalizada coeficientes + mayor equidad reglas de los jubilados voluntarios / involuntarios

4) NUEVOS DERECHOS: Cotización todos los becarios/as + Viudedad parejas de hecho ...

Aquí el Acuerdo completo (incluido el Proyecto de Ley de reforma): https://www.ccoo.es/995f4cc07a2b6cab08012f1ebf348fab00000...

 

viernes, 1 de octubre de 2021

Plasencia en su laberinto (I)

En la «Ciudad de la libertad», siguiendo la linde del Alcalde Mariño, Plasencia continúa en su laberinto. Me viene a la mente el mágico libro, «Paradoja del interventor», de nuestro paisano, Gonzalo Hidalgo Bayal, no para hablar de un espacio de ficción sino de uno reconocible, sirviéndome como parábola de un enredo kafkiano en el que se está convirtiendo mi pueblo; fatalmente determinado a explorar el tránsito a una cierta decadencia, ensimismado en la melancolía de la inacción y sujeto, en exclusividad, a vanagloriarse de un pasado para justificar su modorra y su quietud. Siguen marchando sus jóvenes, como marchó mi hijo, como marché yo.

Como un viajero que llega a Plasencia en un tren cualquiera, de tantos como hemos perdido, me permito salir, imaginariamente, de su espacio cerrado y asfixiante para otear un recinto que parece acotado por sus murallas, sin atreverse a otra cosa que cantar las únicas certezas de un pasado, muy pasado. Y la percibo como una ciudad atrapada en una falsa alegría de barra tabernaria y ruido de vasos estallados en las calles, seducida por algunas tradiciones que huelen a naftalina por las que muchos de sus ciudadanos sentimos como anodinas y trasnochadas, pero que dejamos seguir porque una atmósfera mimética de historia mal entendida nos determina a un silencio modorro.

Algunos vecinos adquirimos la condición de forasteros entre sus habitantes. No nos gusta, pero la queremos; cada vez más. Sabemos que de su siesta no la va a despertar ningún golpe de suerte. Nos hemos marchado tantas veces, porque no podíamos estar y sentirla…

Como si solo hubiese un númerus clausus de personas que pudiesen desarrollar sus expectativas en ella. Es como si el aire que respiramos estuviese contaminado por unos factores de expulsión, asentados en diseñadas tradiciones, que hacen inevitable nuestra huida. Pertenecer a alguna de sus cofradías sociales es complicado, sin tener que obligarte a cuestionar su status quo. En mi pueblo, aún resuenan los ecos cantonalistas de su primer alcalde democrático, que se repiten lastimeramente, fundamentando su propaganda en una mitología local construida sobre afrentas y victimismos arraigados. Porque me duele, reniego a mirarme el ombligo.

Pero siempre queda la nostalgia en las sucesivas marchas y por eso siempre volvemos a ella, aunque sintamos percibir con más fuerza su decadente carácter corrosivo y anquilosado; con su expresión plana, ausente del conflicto dialéctico que debe tener cualquier sociedad para evolucionar. Es una ciudad sin proyecto, aparcada a la espera de otros vientos, pensándose agraviada y por ello, muchas veces, estéril.

Puede, que la famosa exposición que tenemos en 2022, «Las Edades del Hombre», sea otra metáfora de lo que conforman nuestras esencias, que nos llama como una fuerza centrípeta a repetirnos en una suerte de vacíos existenciales, o como fuerza centrífuga que nos invita a marcharnos fuera de los intramuros de la ciudad. Plasencia no puede, permanentemente, salvarse por la campana.

Como el interventor de la novela de Gonzalo Hidalgo, algunos se niegan a vivir un papel asignado en la mortecina tribu de la muy noble y elaboran al menos, relatos puntuales e individuales; eso sí, siempre deficitarios porque terminan siendo deformados por esa energía genética que sale del aburrimiento inherente a sus piedras.

Todo fluye en la dirección de que nada cuestione su ecosistema satisfecho, el papel que cada uno tiene asignado, las beatíficas tradiciones, donde todo se resuelva, matemáticamente, para sortear el conflicto de una evolución fecunda porque los jóvenes se han ido para no atentar contra su númerus clausus, cada vez más lánguido. El resultado final no puede ser la volatilización de todo lo nuevo, donde el silencio sea la norma, salvo que sea para hacer loas a la Plasencia mortecina. Solo llegan a conmovernos los relatos que forjamos desde lo colectivo y por eso yo me niego a que termine muriéndose.


lunes, 19 de julio de 2021

Mi abuelo en Annual. Centenario

 



Me contaba mi abuelo Mariano, el padre de mi padre, que el ejército español era del comandante general Silvestre y de su amigo, el rey Alfonso XIII. Así lo percibió durante los tres años que estuvo secuestrado en el Rif. Un protectorado en el norte de Marruecos, un regalo envenenado de una Europa confrontada por el control de nuevos espacios vitales. ¿Cómo podríamos proteger nada, si apenas España podía sostenerse a sí misma?


El preludio de otra noche negra para nuestro país fue la derrota en el Barranco del Lobo, en el Gurugú, cerca de Melilla, evidenciando los intereses particulares de una notable familia, defendidos con medios públicos, que provocó el conflicto de la llamada “Semana Trágica” de Barcelona, cuando el gobierno español decidió aumentar las tropas en este continente. Había que defender los intereses mineros del Conde de Romanones en el Rif. Y así, años después, llegó el Desastre de Annual en el 1921. Allí estuvo mi abuelo, que me contaba su guerra cada vez que yo le pedía que me contara una batalla. En mi imaginario, acomodo con el paso del tiempo, las piezas sueltas que me relata en la trastienda de la sastrería de mi padre o dando un paseo por el parque. Con una tiza sobre un paño negro o sobre un suelo de tierra me dibuja con un palo el mapa de España y del Norte de África, situando puntos estratégicos. A un lado, Ceuta y en su extremo, Melilla. En el medio, Alhucema, el corazón del Rif, la perla a conquistar.    

--Mi familia no tenía cuatro mil reales para librarme de la guerra. Y a Ceuta llegué en mi primer destino. Durante algún tiempo me las arreglé para vivir con cierta holgura. Me asignaron trabajo en el departamento que organizaba los temas domésticos del ejército, la documentación de los soldados, las cuentas de los gastos de la tropa… Además, como era muy raro saber leer y escribir, rápidamente me hice con una clientela de compañeros a los que les escribía las cartas a la familia o a la novia, y me sacaba unos reales o unos cigarrillos. ¡Eh! No solo era escribir, tenía que interpretar los sentimientos de mis compañeros, con dificultades para expresarse en muchos casos. La cantina era una especie de zoco donde se compraba y se vendía de todo. 

 

    Cuando él hablaba con su voz trémula, percibía que sus ojos se humedecían rememorando una de sus fijaciones, los denominados “pakos”; unos francotiradores bereberes que raramente fallaban. Cuando se oía el sonido seco de un disparo -pak-, junto a un -um- retardado por el eco entre barrancos, mi abuelo siempre pensaba en el compañero caido al que le había tocado morir. ¡Pak-um, pak-um, pak-um…! Sonidos que nacían debajo de la arena o tras un matorral, que terminaban enredándose en su mente mientras dormía. Nunca pudo imaginar que la realidad que se venía encima pudiera ser infinitamente más horrible que un mal sueño.

                

    Trasladado a Melilla, siguió haciendo sus tareas administrativas en el ejército, pero en aquel verano de 1921 vio de todo. Era parte del ejército de Silvestre, el que decía que tenía tres cojones, proclamando que sus soldados se comerían los atributos de los riferereños y dejarían embarazadas a sus mujeres. El íntimo amigo del rey, al que le promete que Alhucema, el dorado del Rif, caerá en breve. Había que olvidar Cuba. Ese ejército del rey que desoye los consejos sobre la locura que acabará en desastre, con la muerte de más de doce mil españoles. Era el ejército de Silvestre, el ejército que más gastaba en toda Europa en zapatos, pero la tropa calzaba alpargatas, un ejército donde había un oficial sobre cuatro soldados y del presupuesto nacional se llevaba más que un pico. Una élite que primó sus delirios colonialistas y militares sobre el objetivo civil de levantar carreteras y hospitales. Entonces, llegó el desastre porque las guerras no se ganan quitando la sed con una piedrecita en la boca, tras comer una ración de sardinas en lata. 


La irrupción de un personaje como Abd el-Krim, consigue unir en un mismo objetivo a todas las tribus frente a un enemigo mal uniformado, atemorizado, sediento, descalzo y desarmado. Abd el-Krim sabe inyectar en vena el miedo a su enemigo; a un ejército con la mayor tasa de deserción, alcoholismo, suicidio y locura. Se pasea por las kabilas con cañones y material de guerra robado a los españoles tras arremeter contra los blocaos diseñados para el fracaso. Abd el-krim sabe cómo utilizar el miedo ante unas tribus anárquicas, provocando respuestas emocionales de agresividad y de amenazas hacia el otro, y que en el caso de la soldadesca cristiana provoca deseos de huida. El pavor ante el festín de sangre que intuyen, preparado para ellos, multiplica su angustia colectiva. Aún no ha comenzado la batalla y ya saben que están derrotados. La República del Rif, es una realidad.


Y Silvestre, el de los múltiples cojones, sin orden ni concierto, manda deshacer el camino realizado. No hay quién dirija. Silvestre se ha vuelto loco. La huida a Melilla es un sumatorio de deserciones, gumías nativas arrancando cabezas, bestias y carruajes despeñados por los barrancos, hambre, sed y espanto. Tan solo el regimiento de caballería, comandado por Fernando Primo de Rivera, mantiene la calma y están dispuestos a morir. Van guardando los flancos y abriendo trecho hasta que desaparecen casi en su totalidad. Otros nombres de oficiales en el olvido: Amador, Arenas, Benítez, Dueñas, Manella o Morales, y muchos más, saben caer con los suyos, también olvidados.  ¡Honor y Gloria! 



Ben Tieb, Dar Drius, El Batel, Tistutin, Monte Arruit, Zeluán, Nador son los puestos por donde una caravana de espectros llega anunciando la muerte. Mientras, en Melilla se piden refuerzos. Llega el escritor extremeño, Arturo Barea, el de la “Forja de un rebelde”, al frente de dos compañías de regulares, Francisco Franco y Millán Astray con su estrenada Legión. Mientras, Abd-el-krim pide rescate de un millón de pesetas por liberar a seiscientos soldados. La respuesta de Alfonso XIII es: ¡Qué cara es la carne de gallina! 


Días tumultuosos en Melilla para hombres enjaulados. Borracheras, putas, peleas, ruido, desorden o desfiles militares para exaltar no sé qué. La Condesa de la Victoria, junto a las damas de la Cruz Roja, improvisa un hospital de campaña con mejores servicios y mucho menos costoso que los hospitales militares.  En el Teatro, la cantante Lola Montes estrena la canción del Legionario y Millán Astray promete el comienzo del “desquite” y por lo que vio mi abuelo, así fue; soldados, ávidos de venganza, enseñando ufanos sus cinturones con orejas cortadas.


Luego viene la caída de gobiernos y de la propia monarquía, la dictadura de Primo de Rivera y el golpe de estado,  consecuencias de una barbarie que el general Picasso, tío del pintor, explicó en su expediente sobre las responsabilidades de España en el protectorado del Rif y que la sucesión de los acontecimientos sirvió para silenciar a los culpables.  


Me contaba mi abuelo Mariano, que a él le mandaron a luchar contra los moros en África y a los pocos años esos mismos moros, formando un ejército temible de miles de hombres a las órdenes de un dictador, repiten su “desquite”, arrasando en cada pueblo que entra. Entonces, cuando me contaba sus batallas, se me escapaban cosas que solo el paso del tiempo ha colocado en su sitio y que ahora unos liberticidas andan queriendo revisar.