viernes, 8 de junio de 2018

Ivan Redondo. Maquiavelo 2.0



Iván Redondo, el que fuera el "octavo consejero" del afortunadamente fenecido Gobex Monago, ha sido nombrado director de gabinete del Presidente, Pedro Sánchez. Soñador cinéfilo de series a lo "House of Cards", para quién el mensaje significa la obtención de la mayoría de votos, aunque el contenido sea pueril. De lo que se trata es de conectar con los  puntuales sentimientos líquidos de la "gente"; más allá de sus necesidades reales, que siempre son objetivos más costosos y a veces inalcanzables. 

Juega a ser un Maquiavelo 2.0., abducido por la elaboración de relatos mágicos donde poder manipular variables para la obtención de un resultado deseado. Iván proyecta en los demás lo que cree de sí mismo: "Cuando uno es presidente, se cree Dios. Y suele ser proclive a las ocurrencias". Pues eso, se cree Dios y tiene ocurrencias.

Iván está sobrevalorado. Ya se encarga él de hacerse propaganda porque en eso lo borda. Más que llevar a Monago al poder fue el gran inductor de su fracaso. Los cuatro años de legislatura del P.P. en Extremadura se convirtieron en la difamación y persecución, ni siquiera velada, hacia el PSOE, los sindicatos de clase y todo lo que se movía. Su tratamiento desastroso en la moción de censura que promovió Guillermo Fernández Vara dejó el camino libre para que el trilero perdiese las elecciones.  

La debilidad intelectual e ideológica del viajero subvencionado a Canarias fue la culpable del delirio en el que derivaron las propuestas de Iván, terminando por hacer de Monago un juguete roto. La consistencia de Monago siempre fue igual al conjunto vacío y eso hizo que muy temprano se echase en brazos de Iván. Ese es el riesgo que corre Pedro Sánchez. Solo si hay ideología en él y su equipo, si hay avances reales respecto a Ley Mordaza, Reforma Laboral, Pensiones, LOMCE, Copagos, Memoria histórica, RTVE, Dependencia,... no habrá espacio para sus alucinaciones.

Iván es de nefasto recuerdo, para mi y para muchos extremeños, porque convirtió nuestra tierra en el laboratorio de su asesoría, puesta al servicio de un ególatra incapaz. Que el barón rojo tenía que citar a Murakami, él le pasaba la frase para que el pavo real intentara volar y se hinchara sin entender que la tormenta era él; un monigote en manos de un manipulador de liderazgo inexistente, para condicionar la conducción de las masas hacia el voto. 

Maestro del marketing fofo y pedante "intelectualoide" propio de esta corriente de moda de nadería postmoderna. Se empapa de series políticas para aseverar analogías, repetir estrategias, obviar la prosa redundando en una estéril poesía y elevar a ciencias matemáticas las telegrafiadas y fracasadas tácticas; más propias de pijo aburrido de laboratorio, observando desde su palacete cómo van naufragando los personajes tullidos de "Juego de Tronos".


  • Monago, Master Nabo: http://canchales.blogspot.com/2018/04/monago-master-nabo.html

martes, 22 de mayo de 2018

Tres cuentos colectivos sobre lobitos buenos.





Estos tres cuentos colectivos, de los lobitos Petter, Maúllo y Willy los hemos ido creando en las clases de castellano, partiendo de un poema de José Agustín Goytisolo: “El lobito bueno”, que en primer lugar aprendieron los alumnos y alumnas para recitar y cantar.

Hemos tomado sólo como referencia el inicio del poema “Erase una vez, un lobito bueno”, dejando que la imaginación fomentase la construcción de estos cuentos que han realizado de manera colaborativa.

Así, han leído y cantado el poema, luego han pensado y luego han escrito libremente, colaborando por grupos en la creación de personajes, la redacción de ideas y frases y argumentos basados en valores de armonía y respeto. Y aquí tenéis el resultado. Deseamos que os guste. Cuanto más leemos, mejor pensamos, hablamos, escribimos y creamos.

Estos cuentos son dedicados a todos aquellos y aquellas que luchan en defensa de la naturaleza y de los animales.


El lobito Petter

Érase una vez un lobito bueno llamado Petter, que vivía con su familia en una cueva fría y oscura. Petter estaba enamorado de Natalia, la prima de su mejor amigo, Zac. Además, le encantaba el chocolate. En el pueblo cercano a la cueva los habitantes tenían miedo del lobito porque siempre estaba merodeando por allí. Un día, una mujer contrató a un cazador:
-Señor cazador, cerca del pueblo hay lobos. ¿Puede venir a cazarlos?
-Claro que sí, señora-. -dijo muy seguro.-

El cazador se puso a la tarea y fue siguiendo el rastro de los lobos hasta que localizó las huellas de Petter. Eligió una pistola tranquilizante porque pensó que tenía una cara de buena persona y no se merecía hacerle daño. Un día, Zac estaba comprando en una tienda haciendo tiempo porque había quedado cerca de allí con Petter. En ese momento, escuchó un disparo: ¡Pum! Salió alarmado del establecimiento y vio a su mejor amigo tirado en el suelo, pensando que estaba muerto. 
-¡Ahh, qué desgracia! Tengo que avisar a su familia y a Natalia, pensó rápido. Salió corriendo a la cueva de los lobos y cuando llegó allí les dijo a sus padres:
-Ha ocurrido una desgracia. Vuestro hijo ha muerto.

La familia de Petter, gritando, bajó corriendo al pueblo, encontrando a  Petter en el suelo. Su madre, desesperada, le movió la cara, con tan buena suerte que se despertó.
-¡Es un milagro! -dijo Zac-
-No, no es un milagro. Le disparé tan solo un tranquilizante. -dijo el cazador.- No quería matar a nadie sin saber con certeza que era un malvado.
-¿Por qué habéis hecho esto? –preguntó un familiar de Petter.-
-Pensábamos que erais peligrosos y que atacabais. -los lobos siempre son malos, murmuraba la gente del pueblo, mientras el cazador intentaba convencerlos de que no siempre es lo que parece, intentando convencer a los habitantes del pueblo de que esta familia eran buenos lobos.-
-¿Entonces, por qué matan a otros animales? -preguntó una mujer.-
-Señora, pueden parecer malos pero solo necesitan cazar para alimentarse. Más vale que nos preocupemos por arreglar su casa. 
-Muchas gracias, señor cazador por defendernos. –Añadió la madre de Petter dirigiéndose al cazador.-
-Vamos todos a arreglarles la cueva con los materiales reciclados que tengamos –Ahora que estaban más calmados, siguieron al cazador para arreglar su casa. Cuando llegaron allí, se repartieron el trabajo que había que hacer. Unos arreglaron las ventanas para que no entrase el frío, otros pusieron las puertas, y otros arreglaron el jardín,  quedando una cueva muy divertida. ¡La cueva brillaba como nunca!.-

Antes de agradecer el trabajo a todo el pueblo por su ayuda y despedirse de ellos, Petter se dirigió a Natalia para pedirle su pata, diciéndole: 
-Desde que te conozco he querido siempre decirte que te quiero.
Natalia quedó paralizada porque no se lo esperaba pero emocionada dijo: 
"Siempre he soñado con oír esas palabras. ¡Yo también te quiero!".-

El padre de Petter gritó: “Esta noticia hay que celebrarla” -todos aplaudieron con mucho jolgorio y como a Petter le gustaba mucho el chocolate, decidió invitar a todo el pueblo haciendo una gran chocolatada que salía de una gran fuente para celebrar la amistad y el amor.- 

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. 

Cuento Colectivo de 4º C
  

El lobito Maúllo

Érase una vez un lobito bueno que vivía en el bosque de los espíritus malignos; un lugar muy inquietante. Sus padres, cuando era un lobezno lo abandonaron. Desde hacía mucho tiempo había caído una maldición sobre los animales del bosque  y solo podía romperse ese hechizo si el poder de esos seres fantásticos desaparecía. En ese bosque los seres vivos se habían transformado en trolls, gigantes, espíritus aterradores y  personajes monstruosos. 

El lobito se llamaba Maúllo porque emitía sonidos para quitarse el miedo y así llamar la atención de otros seres, que también se encontrasen solos como él. Era humilde y amable pero muy miedoso; por eso iba escondiéndose entre las rocas y los arbustos. 

Maúllo aunque estaba asustado bajó al pueblo en busca de ayuda. Allí se encontró con una chica que se llamaba Margarita. Ella, pronto percibió que Maúllo tenía un problema
- ¿Quieres que te ayude, Maúllo?
-Sí, vamos a volver a lo alto de la montaña para que veas este bosque aterrador

Cuando llegaron, Margarita se asustó al divisarlo y comprendió que debía presentarle a sus amigos.
-mira, Maúllo, te voy a presentar a unos amigos que tengo muy poderosos. -Uno era el perro Bulfi, otro la ardilla Chorlitilla y otro el pato Míster Cuac.- 

Bulfi, con su olfato, encuentra animales o personas si no hay nubes. La Chorlitilla siempre metía la pata pero al final acababa sin problemas, Míster Cuac era un científico muy inteligente que hacía pócimas mágicas y Maúllo,  maullaba y todas las nubes desaparecían. Margarita no tenía poderes especiales pero fue ella la que se encargó de preparar la batalla. 

Margarita pidió a Míster Cuac que hiciera una pócima para vencer a los monstruos. Cuando estuvo finalizada, entre todos, fueron lanzándosela a esos seres, acabando uno a uno con ellos.  Tan solo quedaba su rey pero se habían quedado sin pócima porque la Chorlitilla metió la pata y la derramó. Así que tuvieron que huir cuando aún no habían terminado el trabajo. 

Margarita volvió a pedir a Míster Cuac  que elaborase más pócima: 
-No tengo problema en hacerla de nuevo, Margarita, pero no tengo ingredientes ni tampoco una guarida donde hacerla.
-Pues volveremos a buscar los ingredientes -añadió Margarita.-

Y Bulfi, con su buen olfato, se dirigió a otros amigos y les animó:
-Nosotros nos encargaremos de buscar madera sólida y hacer una casa para escondernos allí y preparar un plan.  Mientras, Míster Cuac bajo al pueblo, escondiéndose del rey de los espíritus malignos, a buscar un recipiente para hacer la poción. A su vuelta, mientras preparaba el caldero, los demás seguían buscando los ingredientes y cuando estuvo terminada, todos la bebieron.

Todos, adornaron sus cuerpos para darse fuerzas. Margarita se vistió con una capa negra y una máscara. Míster Cuac se vistió de color lila. La Chorlitilla se vistió de gris con pinchos grandes por el cuerpo y se rapó la cabeza. Bulfi se disfrazó de hombre de oro y Maúllo del color de las estrellas; además cambió su nombre, llamándose Zplit, que quiere decir súper rápido.

Cuando todos estuvieron preparados, salieron de la cabaña preparados para el combate: Maúllo, maulló y desaparecieron las nubes, Bulfi olió el cielo y tras un rato encontró la pista del rey de los espíritus malignos. Todos dieron la responsabilidad a Chorlitilla para que viera que todos seguían confiando en ella, a pesar de haber tirado antes con su torpeza la pócima. Cuando todos esperaban las órdenes de Chorlitilla,  esta les dijo a todos con voz tontona:
-Esperad un momento que voy a hacer pis. -escondiéndose detrás de un árbol-  En ese momento llegó el rey maligno, amenazándolos a todos:
-¡No tenéis nada que hacer, estáis condenados a desaparecer!

Al acabar Chorlitilla de hacer sus necesidades, se encontró con esa escena y de la sorpresa, tropezó con una piedra y volvió a derramar la pócima que se volcó en su totalidad sobre el cuerpo del rey maligno cuando este comenzaba su ataque. Gracias a la torpeza de Chorlitilla se salvaron todos. Al desaparecer el rey maligno, elevándose hacia el cielo junto con el resto de seres y monstruos aterradores, Maúllo, maulló y desaparecieron las nubes rompiendo el cielo en cientos de colores que transformaron a los gigantes en aves. Todo el bosque volvió a su esplendor y el que había sido un rey maligno se convirtió en un soldado de la paz, llamado Ronald que se dirigió hacia Chorlitilla diciéndole: 
-¡Tú, me has salvado! ¿Quieres pasar el resto de la vida conmigo?
-Bueno, primero tendremos que conocernos pero te veo una buena persona. Pero dame un besito.

Maúllo, también se volvió hacia Margarita y agarrándole la mano le dijo al oído: 
-Tenemos toda una vida de bosque precioso por delante. 

Y Colorín, colorado este cuento se ha acabado.  
  
Cuento Colectivo de 4º B



El lobito Willy

Érase una vez un lobito bueno, llamado Willy. Su dueña era una bruja hermosa, pero malvada, que no le dejaba viajar con libertad a Airis, un lugar pacífico que había en el centro de un antiguo país llamado Siria; un espacio peligroso, olvidado y en permanente guerra.

El lobito no era como los demás lobitos. Willy tenía una cola larga como el dragón, las orejas de ciervo y el cuerpo fuerte como un toro y su mayor deseo era ir a vivir a ese espacio de paz que era Airis. El nombre de Airis tenía las mismas letras que Siria, solo que al revés.  

La bruja, conocía las intenciones de Willy y por eso preparaba una receta para dársela a beber. Su intención era adormecerle y así calmar la idea de que se fuera a Airis, pero el lobito, antes de que la bruja terminara el brebaje, se adelantó escapando por la ventana.

Cuando se encontraba lejos de la bruja, caminando dirección a Airis, se encontró con una lobita muy atractiva y simpática. Y se dirigió hacia ella: 
- Hola, lobita, ¿sabrías cómo puedo llegar a Airis de la manera más rápida? Llevo andando muchos días y estoy muy cansado.
- Sí, claro que sí. Yo siempre utilizo mi escoba mágica para transportarme. Si quieres puedo llevarte. -la lobita observó que Willy era un lobito bueno y le dio un voto de confianza.-

Los dos juntos, montados sobre la escoba, se dirigieron a Airis. Por el camino, según iban hablando se iban gustando cada vez más. Al llegar allí, la lobita se decidió a presentar a Willy a su familia que quedó encantada con la bondad y simpatía que mostraba el lobito. Al día siguiente, cuando estaba amaneciendo, Willy con sus grandes orejas de ciervo, se despertó con un ruido muy raro. La bruja estaba allí, con el brebaje que llevaba para dársela a Willy. Este, salió de la cama de un salto y con su musculoso cuerpo de toro, empujó a la bruja y golpeándola con su potente cola. La bruja quedó confundida y al despertarse dijo:
-¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois vosotros? –el golpetazo había provocado falta de memoria en la bruja.-
-¿No me conoces, bruja malvada?.
-¿Malvada, yo? Yo solo quiero ayudar a mi amigo Willy.
-Pues me tienes delante. –añadió el lobito.-
-Ah, sí. Ya te recuerdo. ¿Pero no sé qué bebida es esta?

El lobito sabía que ese brebaje lo había hecho la bruja para él, pero entonces pensó que era un buen momento para dárselo a beber a la bruja para que le hiciese el efecto contrario.
-Anda, tomate esto para ponerte bien. –la bruja se lo bebió y el resultado fue espectacular.-
-¡Que bien que me siento! Es muy refrescante. Tengo ganas de saltar y de jugar con vosotros. –la pócima había conseguido cambiar el carácter de la bruja, aunque había dejado de ser tan hermosa.-

La bruja no paraba de hablar con la gente que veía y desearles buenos días. Según iban entrando en el territorio de Siria esos deseos se iban convirtiendo en una fiesta y colaboración entre todos y todas, que se iba extendiendo, de tal manera que la gente dejaba de matarse. Como Siria era muy grande, al lobito y su amiga se les ocurrió una cosa:
-¿Oye, brujita, por qué no montas con nosotros en la escoba y nos vamos desplazando con más rapidez por Siria?
-Sí, porque me hace muy feliz y he descubierto lo divertido que es ver a la gente contenta. –siguieron su camino por todos los rincones del país y las balas de los rifles y de los cañones fueron callándose para dar paso a una fiesta hecha por todos. A la bruja dejó de importarle haberse vuelto fea porque ahora ya no necesitaba la belleza.-  

Así fue como Siria dejó de ser un país destrozado por la guerra.

Y colorín, colorado este cuento se ha acabado.
  
Cuento Colectivo de 5º C


Poemas:



 Propuesta de Poemario para la escuela


Arcipreste de Hita: 1283-1350

  • Lo que puede el dinero
Jorge Manrique: 1440-1479
  • Coplas a la muerte de su padre
Quevedo: 1580-1645
  • Es amarga la verdad
Calderón de la Barca: 1600-1681
  • Cuéntase de un sabio un día
Felix de Samaniego: 1745-1801
  • Cuento de la Lechera
Espronceda: 1808-1842
  • La canción del pirata: 
Antonio Machado: 1875-1939
  • Recuerdo infantil
León Felipe: 1884-1968
  • Como tú
  • Qué lastima 
García Lorca: 1898-1936
  • El Jinete Muerto
Rafael Alberti:  1902-1999
  • El tonto de Rafael. 
  • Balada del que nunca fue a Granada
  • A Galopar.  
Pablo Neruda: 1904-1973
  • Veinte poemas de amor y una canción desesperada
  • Canto General
Miguel Hernández:  1910-1942                                      
  • Andaluces de Jaen 
  • Nana de la cebolla
Blas de Otero: 1916-1979
  • En el principio
Benedetti: 1920-2009
  • No te salves
Agustín García Calvo: 1926-2012
  • Libre te quiero: 
José Agustín Goytisolo: 1928-1999
  • Lobito bueno
  • Me lo decía mi abuelito
  • Palabras para Julia



Se agradecen comentarios y propuestas de trabajo para incorporar al taller. 

jueves, 3 de mayo de 2018

¿Hacemos otros sindicatos?


"Los sindicatos están vendidos". "No son los sindicatos de antes". "Los liberados no quieren trabajar y están todo el día en los despachos y cuando salen es para irse de mariscadas". "Además, el gobierno les nutre de subvenciones para que estén callados".  "Es ponerles una reforma laboral y la firman de inmediato", "la gente se desafilia" ... Os invito a seguir añadiendo indicadores a este argumentario simplista. Estoy seguro que falta el de "yo conozco a un sindicalista que utiliza las horas sindicales..."  

Para no hacernos trampas en el solitario, hay una evidencia de partida a tener en cuenta y es que la representación que obtienen los sindicatos de clase, CCOO y UGT es superior al 70% del total. Este dato, se da tras atravesar los peores años de crisis, cayendo chuzos, con cientos de empresas en conflicto y en un proceso de criminalización de estos sindicatos de forma intencionada.

Ante tal cúmulo de críticas a los sindicatos mayoritarios y de clase, no entiendo cómo no se han producido alternativa a los mismos. Bueno, la verdad es que se ha intentado al menos, otra cosa es que lo hayan logrado. No habrá sido por un déficit en la cobertura mediática diseñada para potenciar su fragmentación. 

La Reforma Laboral del PP ha sido una gran oportunidad para los sindicatos corporativistas pero ni por esas. También ha habido intentos por parte de la izquierda despistada, pero lo que empezó siendo la amenaza de un tsunami sindical ha finalizado en anécdota de amiguetes, de la que mejor no hablar para no sacar las vergüenzas a algunos de los que dicen ser de los "nuestros". 

Hacer sindicato en esto tiempos de cólera, da mucho cansancio y es más que difícil; combatir el miedo, hacer extensión sobre las empresas que nunca han sido visitadas, aproximarse a su realidad puntual, elecciones sindicales, reuniones intempestivas, retratarse con propuestas de empoderamiento laboral, negociar convenios, vigilar la formación y la salud laboral, reclamar, demandar, hacer huelga cuando no hay negociación... 

Por resumir, para todos los hipercríticos sindicales, solo hay dos opciones: formar parte de las organizaciones para cambiarlas si no nos gustan, o montar legítimamente otras opciones. Yo me mojo y desde siempre he tenido claro que hay que estar dentro. A pesar de no estar de acuerdo con decisiones coyunturales o de calado pero que son mayoritarias. Y conste que entiendo, pero no comprendo, a los que se quedan, exclusivamente, en la queja existencial auto exculpatoria, porque será presentada como ética pero es cómoda y estéril. 

Seguro que las organizaciones sindicales de clase han cometido errores y seguro que los seguirán cometiendo, pero para desactivarlos lo que habrá que reforzar son procedimientos correctores para preservar, por encima de personalismos o las denominadas "cúpulas", el instrumento sindical. 

Pero, evitemos en la izquierda convertirnos en "voceros" de la derecha. Sobre todo, desde la izquierda no hagamos bueno aquello que le dijeron a Semprún en una reunión del Partido Comunista: "Camarada, te voy a hacer una autocrítica"



domingo, 22 de abril de 2018

Cuento colectivo: El sueño del vino


—¿Y ahora qué hacemos, Avelino? Ya nos han cerrado las librerías y tenemos que volver esta noche sin libros para la niña. Un vinito, me dijiste, un vinito, y aquí estamos, a las tantas de la noche, con cuatro vinos encima, pero sin libros. ¿Qué cara le ponemos ahora a Martita?, ¿eh?

Avelino, sentado en el banco, la miraba sin decir nada. Montse tenía razón. Se habían pasado la tarde mirando los puestos de libros que habían montado en Rambla Brasil y discutiendo sobre qué llevarle a su hija, que había pillado un gripazo y no podía moverse de la cama. Pobre niña, con la ilusión que le hacía, prefería el día de Sant Jordi al de los Reyes. Pero, claro, como no se decidían, le había propuesto a Montse tomarse un vino en uno de los bares del barrio. Y ahora, aquí estaban, medio borrachos y sin libro para la niña.
—Puede que me meta donde no me llaman, pero no he podido evitar escuchar la conversación y quizá pueda ayudaros. ¿No habéis oído hablar de Matías? Vive cerca de aquí, rodeado de volúmenes de todo tipo de género, y si le caéis bien podréis conseguir un trato justo. Pero os aviso de que no es tarea fácil, ya que hace años que decidió que le gustaban más los libros que las personas—, les dijo el chico que estaba sentado en la otra punta el banco y en quien ni siquiera se habían fijado.

Después de que les diera la dirección exacta, Montse y Avelino se dirigieron decididos, no estaban seguros de si porque no tenían otra opción o por los vinitos que se habían tomado, hacia la cueva del coleccionista. 

Cuando llegaron al bajo en la calle Miguel Ángel, 37, creyeron que por la hora que estaría cerrado. ¡Menudo desengaño iba a llevarse Martita! Vieron un local con la puerta de madera ajada pintada de color rojo, cerrado, pero con la luz interior encendida y la persiana metálica subida. Picaron con los nudillos.
—¿Qué quieren?
—Señor Matías —empezó Avelino—, perdone por la hora, pero hemos tenido un percance y nuestra hija está enferma y no le hemos podido comprar un libro.
—Todo el día sin hacer nada, todos en la Rambla y ahora se despiertan —respondió el coleccionista con malas pulgas, pero abrió algo más la puerta y les dejó pasar—. Bueno, miren por ahí.

Con la luz, Montse se dio cuenta de que le sonaba su cara. Recordó que era el marido de la señora Mercè, vecina del barrio de su madre, que se separaron y que él decía que en las discusiones matrimoniales ella le pegaba. El cuarto vaso de vino hizo su efecto y, animada por el alcohol, empezó a interrogar al librero, mientras Avelino intentaba encontrar algún libro entre las caóticas estanterías y pilas que pudiera gustarle a Martita.
—Señora, menos cotillear y más ayudar a su marido. Que les estoy haciendo un favor— gruñó el señor Matías, harto de las preguntas.
—A mí no me amenace —contestó airada ella—. Que le doy con el bolso, como su mujer.
—¡Montse! ¡Por Dios! –exclamó su esposo, desde el otro extremo de la librería.
—¡Fuera de mi tienda!

Avelino acudió raudo ante el dueño clamando clemencia y disculpándose por su mujer. Necesitaban un libro. No podían llegar con las manos vacías. Ambos lo sabían. Martita había heredado el carácter de su madre y se lo tomaba todo como una afrenta personal.
—¡No seré yo el que frustre la ilusión de su hija! —dijo el librero—, pero ustedes han dado muestras suficientes de dejadez y, en el caso de su mujer, de prepotencia y altivez. Y para no dilatar más esta situación, porque no disfruto humillando a nadie, le propondré una serie de libros a elegir por usted a cambio de una condición que deberá superar.
—Ya dirá, señor Matías, le estaré eternamente agradecido.
—Se lo pondré fácil —se relamió el otro— en los próximos cinco minutos debe narrarme el guion de una historia no conocida que pudiera acompañar al regalo de un libro y que pueda relatársela a su hija nada más llegar a su casa.

Avelino se quedó de piedra. ¿Qué había dicho aquel señor? Poco a poco lo fue comprendiendo y replicó:
—Bueno, la verdad es que mi hija ya pasa de los veinte y no sé si está para que yo le cuente historias…
—Pero, ¡hombre de Dios! ¿Qué es lo que dice? ¿A quién no le gusta que le duerman con un cuento?

Montse cogió por el brazo a su marido y dijo: 
—¡Ya está bien! ¡Nos vamos! —y, acercándose amenazante a Matías—: Y usted, señor Matías, tiene razón, nos hemos pasado el día entero despendolados y paseando. ¿Y qué? ¿Quién se cree que es usted para juzgarnos y ponernos penitencias?

El librero se quedó boquiabierto, cavilando y Avelino aprovechó el momento para intentar calmar a Montse, pero ella ya había comenzado a caminar hacia la salida.
—Espera, Montse, ¡piensa en Martita! ¬¬
—Ahora les daré un cuento para Martita —dijo al fin el librero—. Y a ustedes les voy a rebajar la dificultad de mi condición. Les concedo toda la noche para escribir la historia que les he pedido. La quiero aquí mañana a primerísima hora —añadió, con una sonrisa extraña—. ¿Les parece bien?
—¡Vaya tipo más chiflado! —exclamó Montse mientras subían por la calle Joan Güell—. 

Menos mal que ya tenemos el libro para nuestra Martita. 
—¿Y ahora qué historia vamos a escribir? ¿A ti se te ocurre algo?
—Bueno —murmuró Montse pensativa—, la verdad es que en este barrio ocurren cosas muy sospechosas, como la desaparición de Matilde, la vecina del 5º 1ª. Ya ha pasado más de un mes y todavía no se sabe nada de ella. ¡Y mira que la chica se pasaba todo el día encerrada en casa escribiendo novelas románticas!
—Sí, es verdad. Y acuérdate de que hace una semana robaron todos los libros de caballerías y leyendas medievales de la Biblioteca Miquel Llongueras —añadió Avelino. 
Se pararon en un semáforo en rojo, justo al lado del Bar “El Montadito”.
—Por cierto, Montse, ¿tú te has fijado en de qué va el libro para Martita?
—Pues no —respondió Montse mientras lo sacaba apresuradamente del bolso.
Ambos miraron atónitos la portada del libro.
—Montse —creo que necesitamos aclararnos un poco— ¿Te parece que tomemos una tapita y otro vinito?
―Suscribo la moción. La ocasión lo merece. Te lo aseguro— dijo guardando el libro en el bolso.

Avelino lanzó una mirada a Montse dudando de haber leído bien.
—¿Quieres sacarlo otra vez? 

Montse lo sacó. El título del libro era: Registro Municipal de Fábricas de Ataúdes de la provincia de Barcelona. 

Cabizbajos se dirigieron hacia el Panxot.
―Póngame un vino tinto, bien tinto ―dijo Montse al entrar.
―La culpa es tuya Montse ―soltó Avelino acodándose en la barra―, lo has hecho cabrear y ya ves el resultado. Encima le tenemos que contar una historia.
―Yo tengo una historia ―dijo Montse.
—¿Ah, sí? ¿No me digas? Ahora va a resultar que eres una escritora y yo en la luna. Cuenta, cuenta.
—¿Tomamos unas tapitas antes?
―Faltaría más, señorita ―responde Avelino con una reverencia principesca.
—¿Han tenido suerte? ―les preguntó el chico que les había recomendado a Matías. 

Le explicaron todo lo que había pasado y él se ofreció a escribir la historia.
―Soy escritor, ¿sabes? 

Ellos estaban encantados. El chico sacó papel y boli y empezó a escribir como un poseso, ante la mirada atónica del dueño del bar. Cuando terminó, se la entregó a Avelino. Este se lo pasó a Montse, que la metió en el libro. Entonces la pareja se tomó del brazo y se fueron a casa.

Martita ya dormía, y sus padres la dejaron el regalito en la mesilla.

A media noche, la chica se despertó, vio el libro, lo abrió, lo hojeó y se emocionó muchísimo. Era una edición muy antigua de La Celestina. ¿Cuánto les habría costado? Y, ¿por qué estaba forrado con aquel papel de no sé qué ataúdes?

Del libro cayó un papel. Lo recogió del suelo y empezó a leer. No podía creerlo, era una carta para ella.

Querida Martita, soy Marcos, tu vecino del sexto. Llevo enamorado de ti desde que tengo uso de razón, y por este motivo y condición, te pido formalmente que me abras tu corazón. 

PD. Tus padres son unos irresponsables.

Martita, de la emoción, pegó un grito que despertó a sus padres, que dormían la mona. 
—¿Qué te pasa, hija? ―preguntó Avelino.
—¡Papá! ¡Que se me ha declarado Marcos, el vecino del sexto! ¡Estoy tan emocionada!
—¡¿Que qué?! ¿¡Quién es ese!? Y cómo lo ha conseguido, a estas horas… ―soltó Avelino todavía medio dormido y balbuceando.
―Me he encontrado esto dentro del libro de mi mesita.
—¡Será mentiroso! –dijo alborotada Montse―. Pues no le reconocimos ayer… ¿Ese chaval era Marcos? Que grande está, ¿no? 
―Hija mía… ¡feliz Sant Jordi!

La alegría del momento fue interrumpida por el estridente sonido del teléfono. Avelino lo cogió y dijo de malos modos:
—¡Diga!
—¿Avelino, se acuerda de mí? Soy Matías.
—Sí, claro, y ¿qué quiere a estas horas?
—Ya es de día y ustedes no han cumplido con su parte del trato.
—¿Cómo? —dice Avelino que, poco a poco, va recordando la historia de la noche anterior entre las brumas de la resaca y el sueño.
—No han traído el relato que acordamos.
—Pues, bueno —contesta displicente Avelino—, ya se lo llevaremos luego.
—Lo siento mucho, señor —se oye la voz seria de Matías—, pero el libro, con todo lo que había en su interior, acaba de volver a mis manos. Martita se queda sin su libro y no sabrá, nunca, que Marcos está enamorado de ella.
—Pero oiga, oiga…
—¡Avelino!, ¡Avelino!, ¡despierta! —dice Montse gritando—, ¿no puedo ir ni un momento al lavabo sin que te quedes dormido en el banco?, ¿y ahora qué hacemos? Ya nos han cerrado las librerías y tenemos que volver esta noche sin libros para la niña. Un vinito, me dijiste, un vinito, y aquí estamos, a las tantas de la noche, con cuatro vinos encima, pero sin libros. ¿Qué cara le ponemos ahora a Martita?, ¿eh?


Cuento colectivo realizado en el Taller de escritura creativa, en la celebración del Día de Sant Jordi, en el que han participado las siguientes personas: 

Pilar Arreba, Laura Carrillo, Miguel Coque, Rodrigo Durán, Laura Gomara, Luis Hernández, Rosa León, Pili Lozano, Josep Lluis Martí, Maria Rosa Puig, Fernando Romero, Carmen Sánchez

domingo, 8 de abril de 2018

¡Monago, Master Nabo!


En la conferencia del PP en Sevilla ha preguntado a los que no son de campo, como él, si saben lo que son los nabos y pide al auditorio que no piense mal... ¿Cómo son estos "meapilas" de añorada isla y amores subvencionados?. ¡Monago, Master Nabos, también reclama a los suyos que no piensen mal¡. ¡Como si no te conociéramos, Monago! Y ahí le tenéis, tres años tapado, tres años de siesta para seguir mostrando, una vez más, la marca de la casa: su doctorado en nabos, que aunque le hubiera gustado, no haya podido ser certificado por la Universidad de Extremadura. 

A Monago, aquello de Barón Rojo le viene de proclamar la "socialización" del subempleo. Todo vísceras de resentido reaccionario y vitorino de cartón piedra enjaulado, para satisfacción de su bancada, pero sobre todo, la propia. Ya es hora de darle un nuevo título: Master Nabo
   
¿Ha vuelto el hombre, ha vuelto Monago?. Ha vuelto para poner orden e iluminar a la "gente", a esa gente a la que habla con su deje displicente pero muy extremeño. Deslomado de hacer kilómetros por su gente, con su tono campechano, con su gracejo "enrollao", dirigiéndose a toda esa gente a la que consiguió elevar a la tasa de paro histórica más alta habida en Extremadura con un 35,6% y 183.000 personas en desempleo. 

Ahí está, Master Nabo; estirando el cuello como pavo real o girándolo como una tortuga móvil de coche del tardofranquismo, olvidando que dejó a una Extremadura casi intervenida, por otro "prócer" de su Patria, como Montoro. 

Su percepción de la historia es el conjunto vacío cuando habla de modelos del norte y del sur; como si Andalucía o Extremadura no fuésemos el producto dañado del diseño de los que podemos entender como sus ideólogos primigenios, Cánovas del Castillo, Primo de Rivera o Francisco Franco con Fagra Iribarne y sus descendientes.

Y sí, Master Nabo, el marco regulador de todas esas reformas estructurales que su gobierno de Rajoy ha aprobado en España, ha supuesto para Extremadura la tormenta perfecta para precarizar el empleo con su reforma laboral, empobrecer a los trabajadores-as y a los pobres, perseguir a los disidentes, estigmatizar a los diferentes, desatender a los dependientes, enclaustrar a las mujeres, privatizar lo público, hacer emigrar a los jóvenes, socializar las pérdidas, contratar a sus "amiguetes" y oficializar las corruptelas. 

Y pide, Master Nabo, que no se los tiremos a la cabeza a él y al PP. Intuyo que serán muchos sombreros de Jarramplas con los que tendrán que protegerse, dentro de un año, de su merecida lluvia de nabos.



domingo, 18 de marzo de 2018

Sindicatos, 8-M y 17-M.

Tras las movilizaciones del 8-M y 17-M habrá que constatar que las demandas sociales  planteadas deben ir acompañadas de reformas estructurales de hondo calado e inversamente direccional a las acometidas hasta ahora. 

Aquello de un nuevo modelo productivo redistributivo e inclusivo parece claro que no se sustenta con una Reforma Laboral cuyo objetivo central ha sido exterminar la negociación colectiva. A su vez, acometer una Reforma Fiscal que distribuya los esfuerzos entre rentas del trabajo y del capital de manera progresiva, comenzando por una valorización del trabajo, ahora inexistente. En definitiva, salvaguardar la igualdad de la mujer y Pensiones Dignas requiere de reformas inevitables que vayan en la dirección opuesta a medidas austericidas que han cargado la responsabilidad de la crisis sobre aquellos que no la han provocado. 

¿Acabar con el Pacto de Toledo o salvarlo del golpismo del PP expresado en su viraje de 2013?. Parece claro que un requisito previo es que sean  expulsados del gobierno a través de las urnas. Para ello, la movilización es la argamasa necesaria que genere una confluencia amplia y diversa pero que deberá organizarse con referencias claras e ideológicas. A estas alturas, los movimientos espontáneos son insuficientes, aunque tengan su valor de concienciación, si acaban representándose a si mismos y/o confrontando con aquellas organizaciones con representanción contrastada. 

Tanto en la movilización del 8-M como en la del 17-M se ha acusado, partidistamente, a CCOO y UGT de querer mantener su hegemonía, cuando al mismo tiempo, los mismos, les acusan de estar "desaparecidos" en las reivindicaciones sociales. No entiendo ese sarpullido reaccionario contras las banderas sindicales cuando los sindicatos mayoritarios y de clase, con un 15% de afiliación soportan una negociación para un 95% de los trabajadores-as; han sido claro baluarte en los procesos de igualdad de género en la empresa y en la calle, y han sido diseñadores y correctores eficaces en el Sistema Publico de Pensiones. 

Que los sindicatos hayan cometido errores no puede ser una justificación para intentar acabar con esta herramienta. Entiendo que puedan ser criticados pero ¿se pretende cambiar el modelo de mercado de trabajo desde el asambleismo? El viaje de crear opciones sindicales distintas a los sindicatos de clase y mayoritarios ya se ha intentado desde el propio sistema con opciones corporativistas y amarillas, también legítimamente desde opciones de izquierda pero no solo no ha cuajado, sino que se ha expresado con sonoros fracasos a la hora de querer representar a los trabajadores y trabajadoras. Soplar y sorber es imposible al mismo tiempo. Siendo compatibles y necesarios, sindicatos y movimientos sociales, o nos organizamos desde las herramientas que tenemos haciéndolas más eficaces y plurales o el espontaneismo activista nos hará muy felices, momentáneamente, pero será un sueño en una noche de verano.

Nos vemos en las convocatorias por unas Pensiones  Dignas el próximo 15 de abril.